Perry a la vista

El gobernador de Texas parece ser el único que podría alcanzar la nominación republicana frente a Mitt Romney.

Obama anda mal.  Los problemas económicos acumulados lo sitúan en el peor momento de su gestión.  No ha podido convencer a los republicanos de sus planes de gobierno; los independientes que alguna vez creyeron en Obama están desilusionados, y los propios demócratas no están tan seguros de ir por la vía correcta a la recuperación económica, la vuelta de la confianza, el crecimiento sostenido y el incremento del empleo.  Las promesas de Obama se quedaron, como tantas otras promesas políticas, en la historia de las desilusiones ciudadanas.

No es suficiente la brillantez del Presidente, sus excelentes modales políticos, su articulación en discursos e intervenciones, su simpatía y carisma. A la hora de la comida, lo único importante es lo que llega efectivamente a la mesa.

Las nubes negras que asoman sobre Obama, recuerdan el fracaso de Jimmy Carter, el último presidente que, derrotado en su intento de reelegirse, se convirtió en el mejor ex presidente de Estados Unidos. Obama podría disputarle esa medalla. Esto ha hecho que casi todos los republicanos, como si fueran panistas, crean que pueden ser candidatos de su partido a la Presidencia.

Entre los incontables precandidatos republicanos, Rick Perry, el gobernador de Texas, parece ser el único que podría alcanzar la nominación republicana frente a Mitt Romney y, eventualmente, ganarle a Obama. Perry hizo el anuncio de su candidatura fuera de Texas, en Carolina del Sur. Algo así como si el gobernador de Jalisco, Emilio González, anunciara su candidatura en Tlaxcala.

Perry, sucesor de George W. Bush en Austin, es el gobernador que más tiempo ha gobernado Texas. Emula a Davy Crockett, el legendario héroe caído del Álamo, quien decía que a los tres años había matado un oso. Perry no llega a tanto. Sale a correr en la madrugada con su atuendo deportivo, portando una 9 milímetros, por lo que pueda ofrecerse. Se le ofreció y mató un coyote. Otras excentricidades incluyen su declaración de independizar a Texas. Todavía hay legiones de texanos que nunca han creído en Washington DC, salvo cuando estuvieron Johnson o los Bush al frente. Más recientemente, Perry organizó un rezo colectivo en el que congregó a 30 mil evangélicos que oraron para que llueva en Texas, por ahora, azotada por terrible sequía.

La similitud con George W. Bush es meramente visual. Igualmente gangosos, usan botas como Fox. Perry, ex colaborador de Bush, adoptó sus modales y maneras. Solamente que están distanciados. No sólo por razones de origen y clase social: Bush viene de familia presidencial y Perry, de la praderas texanas; el presidente Bush estudió en Yale y Perry, en Texas A&M. Bush no comparte la visión política de Perry y, menos, las críticas que hizo a su política presidencial. El sarcasmo dice que Perry es como Bush, sólo que no tan intelectual.

En su destape, le dio por atacar a Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal (Banco Central), nombrado por Bush y ratificado por Obama. A Bernanke lo acusó de traidor por imprimir más billetes de los debidos. Además, dijo en Iowa que no sabía cómo lo tratarían, pero que en Texas le iría muy mal, pues le darían un trato horrible.

Esto generó un debate, pues la acusación de traidor es grave y decir que tratarán a un funcionario de ese nivel de manera “fea”, es un agravio, no tan sólo para el presidente de la Reserva, sino para los propios texanos, que presumen que en Texas no se trata mal a nadie. La amenaza contradice la amable disposición de los texanos para los forasteros.

Demócratas y republicanos, particularmente el grupo de George W. Bush,  han considerado ofensivo el tono del gobernador, que no se retrajo de sus palabras, sino, por el contrario, confirmó su dicho. Éste es

el tono que seguirá una campaña que anuncia volverse ugly conforme pase el tiempo y los electores tengan que decidir entre más indecisiones del gobierno demócrata, o un cambio radical por un candidato afianzado en los sentimientos y valores más conservadores y retrógrados —como si fueran panistas— de quien no piensa lo que dice, porque se imagina que nadie piensa lo que escucha.  Por lo pronto, Perry saltó al escenario, está a la vista y es la noticia de la semana.

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