Después de los balazos en Torreón
¿Podemos continuar así, con una Legislatura que no logra acordar lo esencial, instituciones que no funcionan y un sistema de justicia mediocre?

Víctor Beltri
Nadando entre tiburones
Los balazos de Torreón no quedarán, seguramente, sin respuesta. Ésta se dará a través de enérgicas condenas, incremento en medidas de seguridad, y mucha, mucha tinta, derramada en medios. Tal vez se modifique algún reglamento, los jugadores y directivos salgan a dar declaraciones, y poco más. Medidas puntuales, simplemente.
Es indudable que estamos viviendo situaciones que hasta hace unos cuántos años serían inimaginables. El número de muertos, la violencia omnipresente, la sevicia de los criminales. El poder infinitamente corruptor del dinero sin límites. Las nuevas tecnologías como factor de información y desinformación a la vez. Las características transnacionales de delitos que antes sólo catalogábamos en federales o locales. Esto no era así, hace tan sólo algunos años. Y ya desde entonces nuestras legislaciones estaban, en buena medida, obsoletas, arcaicas, diseñadas para un mundo diferente, un mundo que ya no existe.
Eso, en cuanto a lo penal. Pero hoy nos podemos dar cuenta de que el sistema no funciona más, ni en lo penal ni en lo laboral, lo fiscal o lo agrario. Caray, lo agrario. El derecho mercantil, los concursos de acreedores, el derecho civil. En prácticamente ningún campo. ¿Cuántas injusticias, cuántas medidas redactadas en beneficio de unos cuántos y en perjuicio de la mayoría? ¿Cuántas minorías cuyos derechos comienzan, apenas, a ser reconocidos? Y eso si sólo nos referimos a lo sustantivo. Porque, en lo adjetivo, los procedimientos son vergonzosos, lentos, anquilosados, plagados de espacio para la corrupción. Expedientes que se pierden, notificaciones que no se hacen, funcionarios que no se toman demasiada prisa para cumplir con su trabajo. Por decir lo menos.
Por eso, cabe preguntar si efectivamente sirve el derecho mexicano a la justicia o si vivimos atados a un sistema que sabemos que no funciona y con el que las mismas instituciones tropiezan. Hoy discutimos, y lamentamos, el tema de Torreón, pero no sabemos qué se puede hacer al respecto, además de implementar medidas puntuales. Porque lo que cualquier legislación moderna consideraría terrorismo, aquí no sabemos cómo catalogarlo. O bien, hace un par de semanas, el escándalo era por un menor de edad que obtuvo una condena ínfima por crímenes terribles. De nuevo, la legislación parecía no empatar con la justicia, y menos cuando un defraudador recibió una condena que de tan grande resultaba absurda, casi al mismo tiempo. La comparación era odiosa. Y así, cada semana, desde hace años, parece que los legisladores se empeñan, por unos días, en poner parches al tema que se pone de moda en los medios de comunicación, sin concretar nada al respecto. Y el Ejecutivo, en emitir enérgicas condenas a los mismos. Pero, de fondo, no se hace nada con el sistema jurídico en sí, que no funciona, que condena a los inocentes y premia a los culpables. A menos que sean presuntos culpables, claro está.
¿Qué vamos a hacer con los balazos en Torreón? ¿Con los menores infractores? ¿Con el combate al lavado de dinero? ¿Con tantos temas? ¿Vamos a seguir poniendo parches según lo que se destaque en los medios? ¿Legislando de acuerdo al aplausómetro que busquen actores políticos con agenda propia, cada semana?
El sexenio terminó, de facto, hace tiempo, y hoy todo son amarres y codazos con miras a 2012. ¿Qué va a pasar entonces? ¿Podemos continuar así, con una Legislatura que no logra acordar lo esencial, instituciones que no funcionan, y un sistema de justicia mediocre? ¿Con un Presidente sin respaldo en las cámaras?
No necesitamos más especulaciones sobre lo que podrían hacer los precandidatos u otros actores políticos. Ya los conocemos. No necesitamos más estridencias. Necesitamos que comiencen a trabajar por México en la búsqueda de consensos, y que desde ahora se comprometan con la gobernabilidad en lo que resta de este periodo y durante las elecciones de 2012. Necesitamos, también, que se comprometan con la gobernabilidad del próximo gobierno, lo cual sólo puede lograrse con el fortalecimiento de las instituciones que se encargarán de la organización y la vigilancia de los comicios, así como el acatamiento incuestionable de los resultados de los mismos. Renunciando desde ahora a plantones y cajas vacías, en pocas palabras.
¿Es tan difícil, de verdad, poner sobre la mesa cuáles son los temas en los que podemos coincidir todos, ciudadanos y legisladores, como de vital importancia? Y después, una vez que tengamos en claro las leyes que hay que modificar, con una visión amplia y de conjunto, fijar metas y objetivos, establecer una cadena de responsabilidades y exigir resultados en un plazo determinado. Los legisladores trabajando, y los ciudadanos supervisando. Rendición efectiva de cuentas. Gestión basada en resultados. ¿Es tan difícil?
Porque, mientras los precandidatos deshojan margaritas, los gobernadores acumulan poder, los legisladores buscan conseguir otro cargo, algunos secretarios de Estado dan el santoral vía Twitter, y ciertos medios tratan de imponer la agenda en sus espacios reservados al chisme, los que viven fuera de la ley se pasean a sus anchas, tranquilos, y están cada vez mas cerca de nosotros, de los ciudadanos. Y lo lamentable es que parece que la clase política no alcanza a ver más allá de sus propias ambiciones, de sus pírricas victorias y sus pequeñas miserias, con una visión de corto plazo sustentada en la codicia y la ambición. Sin decoro, sin decencia, sin pensar en el futuro. Sin pensar en formar un país exitoso. Y es que esto, así, no puede continuar. Habrá que ver si el futbol, como tema que sí comprenden y les interesa, los hace despertar. A ver si finalmente se dan cuenta de que, en este juego, no hay tiempos extra.
*Analista político