AMLO-Ebrard

La falta de renovación de los liderazgos de la izquierda se refleja en su pendiente electoral en los últimos seis años. Sus viejas figuras no corresponden con el perfil demográfico del país.

Desde 1988 hasta ahora, Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador han copado las candidaturas de partidos de izquierda a la Presidencia. Uno, como su abanderado en tres ocasiones, mientras que el otro se enfila por segunda ocasión consecutiva hacia las boletas de 2012. Más de dos décadas centradas en dos personajes han obstruido nuevos liderazgos de la izquierda. Una excepción es la del jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, que ha logrado posicionarse como nueva opción entre votantes del PRD y segmentos de la clase media con posturas moderadas o centristas.

Ahora, el anuncio del compromiso de López Obrador de definir la candidatura presidencial con Ebrard a través del método de encuesta, abre la posibilidad de que la izquierda tenga un nuevo rostro que necesita para remontar desgastados liderazgos. Pero esa posibilidad existe si detrás hay realmente la pretensión de buscar al candidato que mejor conecte con el electorado, y no sólo con el voto partidista. De lo contrario, si la muestra de la consulta se restringe a la militancia, estará destinada a servir como recurso para disuadir de la ruptura o la división ante la decisión de  una candidatura ya tomada. Vale recordar que López trabaja en ella desde 2006 y, en varios momentos, ha asegurado que su movimiento estará en las boletas de 2012.

Los términos aceptables para López Obrador respecto a la consulta, sin embargo, parecen una manzana envenenada. La ventaja de Ebrard está en ser la opción de mayor crecimiento y más allá del voto partidista. La paradoja es que la carta de la izquierda con mayor potencial para avanzar entre el electorado nacional tiene, según todas las encuestas, mucho menor respaldo dentro de la militancia que López Obrador. Esta ecuación puede despejarse en un resultado “pierde-pierde” para el PRD, si cae la opción que puede abrir al partido, hacer que deje de ser “auto-referencial” y logre expandir su oferta a otros sectores.

Los liderazgos partidistas tendrán que considerar el precio a pagar, de mantener cotos cerrados y permitir que predomine la lógica de los intereses burocráticos y las lealtades de grupo, sobre la posibilidad de crecer electoralmente. En la caída de las preferencias se pierden cargos y prerrogativas que han convertido a las militancias en formas de vida.

La renovación es casi siempre una cuestión de sobrevivencia para organizaciones con esclerosis en sus dirigencias. Hasta el cálculo pragmático sobre quién puede ser más redituable electoralmente, aconsejaría medir las posibilidades de cada una en muestra abierta.  

La falta de renovación de los liderazgos de la izquierda se refleja en su pendiente electoral en los últimos seis años. Sus viejas figuras no corresponden con el perfil demográfico del país, en el que el grueso de los votantes tiene menos de 35 años y que, en un alto porcentaje, acudió a las urnas por primera vez en la alternancia de 2000. A diferencia del derrotado de entonces, el PRI ha promovido nuevas generaciones de candidatos, principalmente en los estados, como el gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto. En el PAN, el triunfo de Vicente Fox abrió la puerta del gobierno a nuevas caras y, después, con la administración de Calderón, se permitió la entrada de nuevas generaciones en el Ejecutivo y dentro del propio aparato partidista.

Pero en el PRD, los cuadros dirigentes son prácticamente los mismos que hace una década, y uno de sus liderazgos más antiguos, López Obrador, está cerca de hacerse con la candidatura por segunda ocasión consecutiva. Por lo pronto, es el primero y hasta ahora único aspirante que ya tiene un lugar asegurado en las boletas de 2012. El PT y el ahora “Movimiento Ciudadano”, van con su candidatura como sea. La duda en el fondo es si lograría el respaldo unificado de la izquierda con el PRD, del que también ha estado alejado en los últimos años y que ahora necesita recuperar ante el riesgo de una candidatura marginal.  Para el PRD también sería suicida que hubiera dos candidatos de la izquierda mexicana.

Por ello persiste la duda sobre las intenciones de la encuesta. Realmente hay el compromiso de encontrar con ella al candidato que represente las mejores posibilidades electorales nacionales o se trata de una treta para debilitar la amenaza de división en el conflicto por la candidatura. La definición de la muestra y las características de la consulta que decida el PRD, permitirán ver hasta dónde está dispuesto este partido a estirar la liga y qué tan cerca del precipicio están dispuestos a llegar los aspirantes antes de recular frente al vacío.

              *Analista político

           jbuendiah@gmail.com

 

Temas: