Parteaguas de la democracia
Vivimos la emergencia de una ciudadanía más activa, interesada y que reclama espacios.
En México, y en cualquier país, las democracias avanzan según el ritmo de desarrollo de sus ciudadanos. No es ningún descubrimiento, sólo un apunte para reflexionar a partir de él, con el fin de ubicarnos.
Uno de los parteaguas señalados por los expertos en el proceso de democratización de México surgió cuando se dejó de prohibir la existencia de determinados partidos políticos. Cambio que, sin duda, quienes lo propiciaron fueron los hombres de la política, y no se atribuye sólo a ellos, pues detrás estaban los ciudadanos que, cansados de los famosos “clandestinos”, cuya única falta era pensar diferente, y por la presión a que fueron sometidos, llegaron a desarrollar tantas estrategias y códigos secretos que, a veces, hasta paranoicos parecieron.
Un segundo momento está inscrito en la historia como el momento en que los hombres de la política se ven obligados a ceder las llaves de acceso a los instrumentos importantes de control de las elecciones. Ya no más la Secretaría de Gobernación sería la encargada de los comicios. Ya nunca más, el Congreso sería el responsable de entregar las constancias de mayoría. Había que construir instituciones nuevas y diferentes, confiables, para que las mexicanas y los mexicanos votáramos y creyéramos que nuestro voto sí contaba.
Hoy estamos viviendo la emergencia de una ciudadanía mucho más activa, interesada y que reclama espacios. Muchos movimientos cuyas causas son válidas buscan hacerse oír y ser tomadas en cuenta en el debate político. Muchas nuevas fuerzas han hecho su aparición; algunas, por un fuerte trabajo de conciencia; otras, por trágicos sucesos, pero todas dispuestas a seguir el rumbo de la democracia. Es decir, procurar que sus intereses encuentran cauce; conseguir que el Estado mexicano cumpla con sus propias leyes.
En este emerger de nuevas actrices y nuevos actores, las mujeres son las que parecen no cansarse nunca, no rendirse ante el silencio, no derrumbarse ni con el desprecio que muchas autoridades muestran hacia ellas. Y a muchas les ha costado la vida. Pero ahí siguen, buscando ser escuchadas y atendidas.
Es en estas circunstancias donde habría que tener claro hacia dónde buscar esas ventanas de oportunidad que han hecho los cambios más importantes. Y, sin duda, es a los partidos hacia donde debemos dirigir la mirada. Ellos tienen en su poder a los candidatos y candidatas del año entrante; ellos pueden hacer que las cosas sigan entrampadas o abrir el cauce a otros integrantes de la sociedad con nuevas voces y nuevos planteamientos.
En esta ola de ciudadanía: los indignados de España, los rebeldes de África y los seguidores de Javier Sicilia, es en donde debemos apostar por el cambio. Más mujeres, más jóvenes, más caras nuevas en los congresos, en el Senado. Tenemos que mostrar nuestro disgusto por los partidos que no han estado cumpliendo con leyes que ellos mismos se han dado. Nosotros ponemos los impuestos, nosotros queremos participar proponiendo reglas nuevas del juego. Sería magnífico empezar a procesar una ley de partidos que los obligue a rendirnos cuentas y a escuchar nuestros reclamos.
*Licenciada en pedagogía
y especialista en estudios de género
