Ninis: ni presente, ¿ni futuro?
Actualmente, muchos jóvenes mexicanos se encuentran fuera del alcance de los medios de la educación y del laboral. Su cálculo ha puesto en controversia a las instituciones educativas

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
El asunto de los famosos ninis ha entrado de lleno en la agenda de políticas públicas del país y no de gratis.
Lo acabamos de ver con el asunto de los rechazados al ingreso en alguna institución educativa pública de nivel medio superior en el área metropolitana.
Mucha demanda, poca oferta. Actualmente, muchos jóvenes mexicanos se encuentran fuera del alcance de los medios de la educación y del laboral. Su cálculo ha puesto en controversia a las instituciones educativas.
Para no entrar en polémicas, por aquello de que la UNAM da una cifra y la SEP otra, sabemos que son millones de jóvenes los que se quedan sin oportunidades: sin —o poco— trabajo y estudio.
Así, no es un gran futuro el que les espera y eso pone en riesgo el país que, aunque suene trillado, no dejará de estar en sus manos; y nos hace pensar que los tiempos que vivimos no son precisamente los mejores para dejar a nuestros jóvenes a expensas del embrujo fácil: ese al que recurren los grupos criminales para engordar sus filas.
Ayer, la Conago puso en marcha su segunda etapa y que precisamente va dirigida a ellos, a quienes esperan por el encuentro de mejores escenarios, o al menos de uno que les permita el desarrollo, que no pueden darse por vencidos tan pronto ni debemos permitirlo.
Serán becas y oportunidades de empleo, miles, se espera, y que estarán dirigidas a jóvenes de 15 a 20 años de edad.
Un programa que se implementará en todo el país, y al que se le dará continuidad. Se llama México sí Estudia, sí Trabaja, y fue presentado ayer por Marcelo Ebrard, actual presidente de este grupo que engloba a todos los gobernadores.
Pero también tenemos esos otros, aquellos que también pensamos en ninis, porque sí, ni estudian ni trabajan, pero que forman un fenómeno social distinto, que no entra dentro del grupo de esos otros que sí buscan y esperan un futuro.
Éstos sí leen y saben lo que pasa en el mundo, pero se quedan con los brazos cruzados al respecto, porque poco caso le encuentran a un porvenir.
Ellos también son ninis, y los pensamos así porque ni viven ni sueñan, han dejado de creer en la sociedad como escenario y vehículo de formación.
Es el hastío y la indiferencia como símbolos de unos tiempos que han alejado a muchos de la oportunidad hasta de soñar.
A estos ninis no se les convence con el chance de una beca o un trabajo, probablemente ni con dinero en mano, sino tal vez con el regreso de sus ganas para no desperdiciar los mejores años de su vida.
De los primeros, aplaudimos sus deseos de superación, su búsqueda incesante de mejores oportunidades; también, que los gobiernos estatales ven ya este fenómeno como un problema social y que lo integren a sus programas de desarrollo.
De los segundos, de ellos esperamos su regreso a la realidad, que no es tan mala como han querido pensar. Los ninis, por un lado síntoma de un país en proceso de búsqueda y, por otro, símbolo de un mundo que se hace viejo…