“...otros ojos futuros, otra vida,...”

Piedra de sol no tiene tiempo y no habrá quien dude de su forma clásica

Ninguna falta le hará a la obra de Octavio Paz que la comente yo en este espacio, pensará cualquiera. Sin embargo, en diez años de nuestro México tuvimos ya un gobernante que alardeaba de haber leído a  “José Luis Borgues”, un secretario de Gobernación, nacional Savonarola hijo de “el yunque”, que osó denostar al Aura de Carlos Fuentes, y una pretensa a gobernante que nos ha recomendado la lectura de “La ciudad más transparente”, también de la autoría de Don Carlos (¡La mujer era entonces secretaria de Educación!). Básteme con eso para recelar de todos y celebrar medio siglo reviviendo los mejores versos que recuerde haber leído, a propósito de la publicación de El surrealismo en Piedra de sol, entre peras y manzanas (FCE, 2011), de Víctor Manuel Mendiola, (Ciudad de México, 1954), ensayo que festeja 50 años del poema que para asombro suyo, mío, de todos, estoy seguro, es inagotable. “Azoro”, confiesa sentir Mendiola; lo habré yo acompañado siempre. “Un milagro que te revela el mundo, que resiste al tiempo”; ni más ni menos. 584 versos (los primeros seis y los últimos se repiten) todos perfectamente endecasílabos, dotados de una estructura circular, y que dicen a México más que cualquier otra cosa que con ese fin se hubiera escrito: Piedra de sol, tres palabras para decir la historia, para hacer un país. Y dice José Emilio Pacheco que guarda un ejemplar para ser enterrado con él. No se me ocurriría un homenaje que supere a ése.

“…voy por tu cuerpo como por el mundo,

tu vientre es una plaza soleada,

tus pechos dos iglesias donde oficia

la sangre sus misterios paralelos…”

“…amar es combatir si dos se besan,

el mundo cambia, encarnan los deseos,

el pensamiento encarna, brotan alas…”

Hace uno música de sólo recorrer los versos, halla uno su historia redundante, ahí está una y otra vez, y Paz se lleva la conciencia de quien sea a quién sabe dónde, dejándonos el derecho a suponerlo su primordial propósito en tanto Piedra… se publicó en el mismo año que El laberinto de la soledad, de cuyas reflexiones no habremos de reponernos nunca quienes aquí nacimos.

“… – ¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?

¿cuándo somos de veras lo que somos?,

bien mirado no somos, nunca somos,

a solas sino vértigo y vacío…”

 

“…puerta del ser: abre tu ser, despierta,

aprende a ser también, labra tu cara,

trabaja tus facciones, ten un rostro

para mirar mi rostro y que te mire…”

Borges acusaba a los poetas contemporáneos de haber prescindido de las formas clásicas, no porque fueran obsoletas, sino porque eran incapaces de practicarlas. Otro homenaje, del tamaño del de Pacheco: Piedra de sol no tiene tiempo y no habrá quien dude de su forma perfectamente clásica.

Para tantísimos oportunistas cursis que estamos tendiendo que padecer —calendario político, qué quiere uno— a los que no se les cae México de la boca, propongo al IFE que Piedra de sol y el ensayo de Mendiola sean obligada lectura para candidatos, y así no resulte a fin de cuentas que quisieron gobernar sin entender lo que estaban gobernando.

“…mejor el crimen,

los amantes suicidas, el incesto

de los hermanos como dos espejos,

enamorados de su semejanza…”

 

“…¡caer, volver, soñarme y qué me sueñen

otros ojos futuros, otra vida,

otras nubes, morirme de otra muerte!...”

Ah, y que pregunten si no entendieron, para que no vayan a salir después con que era pornografía, como aquel Abascal Savonarola

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