La humanidad en el callejón sin salida
Las secuencias de diálogos y acciones físicas se suceden en un juego de tensiones entre el deseo y el horror
El cuento para niños convertido en relato de terror, el sueño americano en su dimensión de pesadilla. Con Exit, Teatro Fast Food, Abraham Tari ofrece una lectura de El maravilloso Mago de Oz, que resignifica la fábula de Frank Baum y su versión hollywoodense, para brindarnos una representación descorazonadora de la sociedad de consumo, del imperio del crimen organizado y de la deshumanización.
En el amplio espacio vacío en la entraña de columnas de cemento armado del Sótano del Teatro Carlos Lazo, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, se pone en escena una dramaturgia que no parte de una anécdota, ni busca construir personajes realistas, lo que vemos es una sucesión de situaciones, un despegue a la tierra de Oz, convertida en un establecimiento de comida rápida. Las secuencias de diálogos y acciones físicas se suceden en un juego de tensiones entre el deseo y el horror.
Frente a la gradería para unas cuantas decenas de espectadores cómplices, el camino amarillo que lleva al cumplimiento de los deseos en el relato original, se marca con líneas que recuerdan indicadores de carretera en un mapa hacia ningún lado. En Exit no están el hombre de hojalata, la bruja, el espantapájaros ni la familia de la niña que viajó a la tierra del mago impulsada por un tornado, lo que vemos es al león, en una presencia amarga, sumisa, esclavizada, símbolo del delirio mediático, y a tres empleadas de una franquicia, vestidas idénticas, lo que hace pensar en una producción en serie, en la representación de miles y miles más. Mujeres sin hogar, sin retorno, que anhelan un corazón, que emigran en busca de un empleo seguro de un país viable, que en su desesperación desean un arma para matarse de una vez. En esa rutina que no acepta tropiezos y deja fuera de toda legitimidad el universo de los sentimientos, el futuro no es sino un mal chiste. Las esclavas de la industrialización y la dictadura del consumo, en los platillos que entregan encuentran extraños pedazos de carne, dedos. El objeto del deseo es carne humana convertida en salchicha o en hamburguesa. Atrapadas en la cadena de producción y consumo van cayendo en un mundo más y más enrarecido. Para ellas no hay zapatillas rojas, ni boleto de salida, está la evidencia de asesinatos en serie de mujeres, un limbo de angustiosa incertidumbre entre lo vivido y lo imaginado.
Desde una plataforma al fondo, el león-leona se desempeña como presentadora de programas de concursos y talk shows. Cobijada por la música de los espectáculos televisivos, la algarabía de la falsa esperanza, ese león-leona, esa caricatura hace de los deseos de las jóvenes participantes un instrumento para torturarlas, para humillarlas. Como el león-leona Martha Claudia Moreno está dirigida a la representación de lo estridente extremo. Desde el vestuario chillante, el maquillaje y el texto que se entrega a gritos. En los papeles de Dorothy, Indira Pensado, Adriana Segura y Aura Rebollo convencen en la codificación de gestos y el flujo emocional, son eficientes para expresar el universo mecanizado y dual de las empleadas que han de sonreír, siempre sonreír a los consumidores, mientras están en lo interior carcomidas de frustraciones, terrores y dolor.
La iluminación de Vladimir Maislin, quien también lleva crédito por el vestuario, es simple y funcional. Los tubos de neón envuelven a las actrices en una atmósfera fría, brillante y fantasmal, que contrasta con el baño de luminosidad en la dimensión de los programas televisivos.
La lectura de El Mago de Oz, de Abraham Tari, es lúcida en su transposición general del cuento infantil y el filme de Hollywood al callejón sin salida de la sociedad de consumo y sus distintas formas de violencia. El diseño sonoro es eficaz para llevar al espectador de la esperanza del placer al vacío. Interesante es el tejido de referentes, como lo es también la exploración del espacio. Pero en este juego de aciertos y tropiezos, la obra me pareció que se vuelve monótona en su alternar, repetir segmentos de dialógos. La recurrencia del grito, de la estridencia se desbordan, pueden resultar recursos contraproducentes para la atención del espectador.
Exit, de Abraham Tari, se podrá ver los jueves y viernes de agosto, en el Sótano del Teatro Carlos Lazo, a las 19:00 horas.
