Puente sobre aguas turbulentas

Hay que aprovechar este tipo de cine, porque los superhéroes se imponen.

En una cartelera verdaderamente invadida por las superproducciones hollywoodenses, por fin pudo abrirse paso una película que tenía un buen rato en la lista de espera: Aguas turbulentas (Noruega-Suecia-Alemania, 2008) dirigida por el noruego Erik Poppe.

Hablada en noruego y me hizo recordar un poco el estilo de Ingmar Bergman, desde luego en un género totalmente distinto a los que él desarrolló en la interiorización de los dramas humanos. Sin duda, Poppe no niega la influencia que el cineasta sueco tiene en su forma de contar esta historia, pues a la vez de desarrollar un ritmo constante que mantiene en suspenso al espectador dota a la trama de momentos contemplativos en una singular dirección de fotografía que explota en forma muy bella el elemento del agua y los paisajes soleados de la región. También lleva la narración a los terrenos de la misericordia desde el punto de vista religioso ante la existencia del mal, el pecado, la culpa y el sufrimiento como expiación y la redención que lleva a una segunda oportunidad.

Con un guión de Harald Rosenløw Eeg, quien ya ha colaborado con Poppe, Aguas turbulentas se mueve en el terreno del suspenso sicológico, el thriller, la obsesión, la culpa, la penitencia, la redención y el perdón. Es una película muy bien contada de esas de las que Hollywood no tardará en hacer su versión, ya que además permite el lucimiento de los actores, pues los personajes están muy bien descritos. Para una industria en crisis de ideas originales esta historia es un “bocado de Cardenal”, como diría mi abuela, y no cabe duda que el cine nórdico está dando muestras de su buen oficio en el género del thriller y la exploración sicológica, como en la trilogía sueca llevada a la pantalla grande Los hombres que no amaban a las mujeres, ya refriteada en Hollywood y a estrenarse a fines de este año.

Aguas turbulentas inicia en Oslo con dos jóvenes que secuestran un bebé casi más con intenciones de ver qué hay en su carriola que de hacerle daño, todo sucede en condiciones confusas, pero el caso es que, años después, vemos al protagonista, Jan Thomas, en una convincente interpretación del actor noruego Pål Sverre Valheim Hagen, saliendo de la cárcel tras cumplir una condena por la muerte del pequeño, recibiendo antes una golpiza por parte de otros presos, entre los que se cuenta su cómplice en el crimen.

Lo único que Jan Thomas quiere es rehacer su vida y empezar de nuevo para lo que, apoyado por las autoridades de la prisión, encuentra trabajo como organista en una iglesia. Aquí la música se convierte en un elemento fundamental de la película, pues Jan Thomas toca con mucho sentimiento el enorme órgano y en un momento fundamental de la cinta interpreta Puente sobre aguas turbulentas, de Paul Simon que, junto con el imponente sonido del instrumento y el rostro de la espléndida actriz Trine Dyrholm, quien encarna a Agnes, la atormentada madre del niño asesinado imprime a la escena una conmovedora intensidad.

Y cuando la vida del joven parece empezar a cambiar, pues por fin se siente libre y además se ha enamorado de la ministro de la Iglesia, una atractiva madre soltera de un pequeño de cinco años y que desconoce sus antecedentes criminales,  se aparece de nuevo Agnes, de cuya vida se ha ido la paz para siempre.

La película está contada en dos vertientes que se desarrollan con flashbacks o saltos en el tiempo, brindando los puntos de vista de los dos protagonistas, sin inclinar la balanza hacia ninguno de ellos, lo cual es una enorme virtud del guión que evita los juicios y la moralina fácil. Los presenta solamente como lo que son: dos seres humanos cargando un pavoroso sufrimiento generado por errores, culpas, pérdidas, resentimientos y en la búsqueda desesperada del perdón y la verdad.

El recurso que Erik Poppe usa para presentar de alguna forma la “propia película” de cada protagonista lo hace incurrir en repeticiones dentro de la narración, que si bien no nos dan más información, no llegan a resultar molestas. Es probablemente en ese rubro en el que el realizador tuvo algunos problemas en el giro final, que parece un poco forzado.

A fin de cuentas, es una película recomendable y le sugiero no espere mucho para verla porque los “superhéroes” se imponen.

8/10.

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