A fondo
Quienes nos dedicamos a la academia como tarea principal y al mismo tiempo hacemos periodismo no divorciamos los campos: el trabajo académico alimenta a la editorialy los hechos cotidianos nutren de realidad a la perspectiva analítica.
El ejercicio de articulista demanda estar al día, comentar el hecho sobresaliente de la semana, opinar sobre el dicho de algún personaje o hacer la crítica —y a veces el elogio— de los resultados de algún programa.
“El periodismo” —me dijo una vez Gerardo Galarza— “es hacer el día, no la historia”; o la filosofía o el proyecto académico, puedo agregar.
Quienes nos dedicamos a la academia como tarea principal y al mismo tiempo hacemos periodismo no divorciamos los campos: el trabajo académico alimenta a la editorial y los hechos cotidianos nutren de realidad a la perspectiva analítica.
Aunque rara vez se hace explícita, la orientación teórica está presente en las opiniones, interpretaciones y hasta en el uso frecuente de ciertas palabras que utilizamos.
Por ejemplo, propuse un proyecto de investigación, Justicia, Libertad y Exclusión: las Consecuencias de la Política Educativa, como parte de mis labores en la Universidad Autónoma Metropolitana, mi casa abierta al tiempo. Permítaseme resumir sus premisas. Espero que se note la congruencia con mis comentarios de cada semana.
Educadores, humanistas y políticos democráticos han imaginado sociedades justas y libres, donde convivan personas en igualdad de condiciones a pesar de la diversidad social. Ellos conciben la educación como un derecho fundamental y una de las bases de la democracia. El propósito principal de los sistemas educativos, conforme a esta visión, es fortalecer la inclusión social sin diferencias de clase, raza, religión (o creencia), género y habilidades personales.
No obstante, en muchas latitudes, las consecuencias de las políticas oficiales de educación parece que apuntan a lo opuesto. En lugar de incluir a todos y respetar la diversidad, las instituciones de educación parecen aparatos de control cuyas prácticas reproducen las desigualdades, la discriminación y la segregación sociales; en suma, engendran procesos de exclusión.
Trato de construir un objeto de estudio que me permita trabajar en tres planos. Primero, en el ámbito de la teoría: la construcción de conceptos abstractos que permitan aventurar análisis, interpretaciones y explicaciones sobre las desigualdades educativas, la educación democrática, la justicia, la libertad y la diversidad, así como inclusión y exclusión sociales.
Segundo, en el análisis de la política educativa de organismos internacionales, como la UNESCO y el Banco Mundial, y sus consecuencias en diversos países.
Tercero, en el examen de las políticas nacionales de educación.
La razón fundamental para que las metas de igualdad, libertad y progreso de la educación no se cumplan se debe a los “efectos perversos” de la globalización, a pesar de los compromisos que signan los gobiernos en las conferencias internacionales. Según Martin Carnoy, “la globalización, en los países en desarrollo (la mayoría) se articula en la forma de reformas políticas guiadas por criterios financieros cuyos intereses son la eficiencia y la eficacia. Es probable que sus efectos en los sistemas educativos incrementen las desigualdades educativas y el acceso a la escolaridad de los segmentos sociales desfavorecidos”.
El caso de México puede ilustrar esa contradicción. La Constitución de 1917 incorporó muchos de los rasgos del Estado democrático (o democrático liberal, como lo definió Norberto Bobbio). Instituyó la separación y el equilibrio de poderes, la elección de los gobernantes y los legisladores por medio del voto universal y secreto (la demanda principal que dio origen a la Revolución Mexicana), asentó las libertades básicas de la persona (de creencias, opinión, reunión, asociación y de libre circulación). También ratificó la noción de Estado secular.
Con las reformas constitucionales de 1946, en el artículo tercero, el de la educación, el Estado precisa que la democracia se entenderá “[...] no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino un sistema fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”. Sin embargo, el grupo triunfador en la Revolución Mexicana trastocó la organización política plasmada en la Constitución e instauró un régimen corporativo, que negó los principios democráticos.
La herencia de aquel régimen es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
*Académico de la UAM
