Un estilo de gobernar

El PRI sostiene que tiene una alternativa y afirma, categórico, que es

El gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, tuvo una semana desastrosa al darse a conocer un operativo de sus policías en la Ciudad de México, que violentó varias casas privadas en busca de un criminal (Óscar Osvaldo García Montoya, líder del grupo La Mano con Ojos), quien, a la postre, fue detenido. Un escritor, Efraín Bartolomé, una de las víctimas de la experiencia, se sentó delante de su escritorio después de los hechos e hizo lo que hace mejor: los plasmó sobre papel, para dejar constancia de la experiencia terrorífica vivida por él y su esposa. El procurador de Justicia del Estado de México, Alfredo Castillo, explicó las razones de la extrema violencia usada por los policías del Estado de México en la ejecución del operativo (la extrema peligrosidad de García Montoya) y les pidió disculpas a los ciudadanos afectados.

Minutos después de la declaración de Castillo, tanto el presidente Calderón como Marcelo Ebrard se deslindaron del operativo. Voces reclamaron estos deslindes, algunas de ellas queriendo restarle importancia a los hechos y, así, encubrir la presunta responsabilidad del gobernador Peña en los hechos. Por lo tanto, se hace necesario esclarecer qué es lo que no dijo ni explicó el procurador mexiquense. Según los relatos de las víctimas y de periodistas, los policías llegaron ataviados con siglas que los identificaban como integrantes de la Policía Federal, y no del Estado de México. Al deslindarse, el presidente Calderón dejaba en claro el intento por engañar a la ciudadanía acerca de los verdaderos responsables del operativo por parte del gobierno mexiquense. Y, en segundo lugar, al deslindarse Ebrard, dejaba en claro la ilegalidad cometida por policías del Estado de México, al realizar operativos fuera de su jurisdicción.  Es decir, aparte de la flagrante violación a los derechos de terceros inocentes, se actuó con la pretensión de engañar deliberadamente acerca de los autores del operativo y de la realización de actos ilegales y fuera de su jurisdicción, por parte de una corporación policiaca. Encima de todo, robaban objetos personales.

Tratándose del Estado de México, es imposible olvidar otros casos en los que el uso, y abuso, del sistema de procuración de justicia, en atención a intereses personales u ideológicos específicos, hayan prevalecido por encima de lo que el sentido común dicta como justicia a secas. Vienen a la mente el caso, extrañísimo y aún sin resolverse plenamente, de la muerte de la niña Paulette Gebara Farah y el encarcelamiento y posterior liberación por la Suprema Corte de Justicia del activista de Atenco Ignacio del Valle. Dos casos emblemáticos de la incorrecta aplicación de la ley y que sirven como faros que nos indican el camino para acercarse a la concepción que el mandatario estatal considera que ilustra su forma aceptable de gobernar.

Lo que subyace en el debate es la manera correcta de combatir a la delincuencia organizada. El PRI afirma que tiene una alternativa al método calderonista, y precisa,  categórico, que es “mejor”. Obviamente, el gobernador, como futuro candidato presidencial del PRI, debe predicar con el ejemplo. ¿Debemos pensar que lo que hizo su policía en las delegaciones Tlalpan y Magdalena Contreras es expresión cabal de esa mejor alternativa? La respuesta es: sí. Ese es el método de Peña Nieto para combatir a la delincuencia organizada, y que va acompañado de su idea acerca de su estilo de gobernar este país.  Junto con estas tácticas desarrolladas por su policía, encubierta en la más completa ilegalidad, pide que se le otorgue la cláusula de gobernabilidad a nivel nacional para poder gozar de una mayoría en el Congreso de la Unión, con apenas 35% de los votos. En resumidas cuentas, tiene una propuesta de cómo quiere gobernar. Los ciudadanos deberán decidir si esto le conviene al país.

        *Especialista en análisis político

            ricardopascoe@hotmail.com

Temas: