Una semana después…
- Seguimos esperando por decisiones de los políticos.
- La confianza del consumidor en Estados Unidos habla por sí misma.
Inicia la semana posterior a esa que recordaremos como cuando la deuda soberana de Estados Unidos fue degradada de “AAA” a “AA+”, tema que ha desatado una gran controversia. Unos lo rechazan y les parece un gran error de la calificadora Standard & Poor’s (S&P), otros, no dejan de echarle la culpa a los políticos estadunidenses, éstos, a su vez, empezando por los que habitan en el Poder Ejecutivo de ese país, salen a decir que, pese al “grave error” cometido por S&P, su país siempre será “AAA”. Hay quien, para no fallarle, señalan a unos, otros y los del más allá como los culpables del desastre en los mercados.
Después de pensarlo una semana entera en la que, como todos los que participamos de manera activa en los mercados —y no como amateurs— la he pasado mal y a veces peor, creo que estamos corriendo el riesgo de confundir —y culpar— al mensajero con el mensaje. A usted le consta, amigo lector, que desde hace algún tiempo he escrito acerca de mi preocupación por la ausencia de liderazgo político a escala global y creo que el episodio de la semana pasada, más allá de las posturas de los actores afectados por la decisión de S&P, habla claramente de ello. Más aún, en los días posteriores al viernes 5 de agosto pasado —cuando se anunció la decisión de Standard & Poor’s— no he visto acción alguna más allá de las declaraciones acostumbradas, respecto de algo que se vaya a hacer para tratar de contener la incertidumbre que reina en los mercados y el deterioro que se registra en las expectativas económicas, además de los números que vemos cotidianamente que no son precisamente buenos.
El viernes pasado se publicó el indicador de confianza del consumidor en Estados Unidos y resultó ser el más bajo de los últimos 30 años. Y creo que habla por sí mismo. Si no ha habido una mejora importante en el empleo, si el sector de bienes raíces en ese país sigue muy deprimido y si la bolsa de valores ha bajado como hemos visto. Entonces hay un deterioro importante —que no es de hoy, sino que se ha venido acumulando desde hace tres o cuatro años— en las determinantes de la “función consumo”, como se dice en la escuela y que va más allá de las percepciones que cada quien puede tener sobre lo que ocurre.
Hasta donde me acuerdo, el consumo (C) es función (f) del ingreso real (y), de la tasa de interés real (r) y de la riqueza (w), que al final depende de una valuación. Y en Estados Unidos y en otros países estos componentes se han deteriorado severamente y no se ve claro cómo se puede poner remedio a ello. Si consideramos uno a uno a los elementos de la función consumo (C=f [y, r, w,]), pues es obvio que el ingreso ha caído por la falta de empleo, y la riqueza también lo ha hecho, dado el deterioro de los mercados de bienes raíces y de valores. La tasa de interés baja no compensa la caída de los otros dos componentes y además no permite la acumulación de capital necesario para mantener el incremento de la parte financiera de la riqueza de cada quien, sobre considerando que la riqueza de muchos está depositada en sus fondos de pensiones, invertidos en valores de deuda, mayormente.
Eso explica el nivel de la confianza del consumidor estadunidense y la falta de crecimiento actual y sobre todo el esperado, pues estas condiciones no se resuelven de un día a otro y menos si lo que tenemos enfrente es una inacción en el frente político, pues ahí es donde las cosas se deciden. Por eso me preocupa y molesta que personas con supuesta formación e información sigan diciendo cosas como: “…esto tendría que decidirse desde el punto de vista económico y se hizo desde los intereses políticos”. En la realidad toda decisión en el campo económico tiene un alto componente político, que responde a los intereses de quienes las toman, que a su vez se supone que lo hacen en función de lo que quienes votaron por ellos esperan dada la oferta política que recibieron. Si eso ocurre o no, es “harina de otro costal”.
En cualquier caso, no hay decisión que no entrelace las cuestiones políticas con las económicas y la cosa es que se parezcan a lo que uno espera como ciudadano. Por eso digo que, al final —para mí— la democracia es un camino que se recorre haciendo ajustes para que las cosas que deciden aquellos que me representan y tienen la responsabilidad de gobernar se parezcan a lo que yo quiero que ocurra. Si las cosas no están saliendo así, entonces participo más, exijo y, si no hay respuesta, voto por otro. Haga sus cuentas. Suerte.
