El negrito en el arroz

Sorprendentemente, cero traumáticohacer el trámite ante Hacienda.

Lo sucedido me recuerda a un dicho de mi abuela: Nunca falta el negrito en el arroz.

Mis recibos de honorarios se vencieron y con ello la obligación de sacar todo lo que ahora piden para obtener tus recibos, la CIEC, la FIEL, etcétera. Lo primero que hice fue ir al módulo de la Del Valle para que me orientaran en mi viacrucis, allí me dijeron cuáles eran los papeles necesarios para tramitar la FIEL, entre ellos la méndiga acta de nacimiento. Hago un paréntesis para explicar por qué le digo méndiga. Yo nací en Ixmiquilpan, Hidalgo, y resulta que en Arcos de Belén no puedo tramitar un acta, pues no están en liga con el registro de Ixmiquilpan, es por eso que recordándole la madre a mi tercermundista sistema me toca ir hasta allá. Cuando me piden mi acta original siempre me pregunto para qué demonios es la credencial del IFE y todas las fregaderas que te piden si cuando vas a hacer un trámite te exigen la mugrosa acta.

Bueno, dicho esto, prosigo. Tuve que regresar al módulo para que me ayudaran a bajar un programa y unos archivos que tenía que llevar para el día de mi cita, ayer 15 de agosto en Bahía de Santa Bárbara, delegación Miguel Hidalgo, era la más próxima (están buenos para una emergencia). Fui atendida muy cordialmente en el módulo Del Valle para la captura de mis archivos. Me fijé que en todos los escritorios de los servidores dice algo así como que atienden sin corrupción y de manera educada, bla bla bla, buen servicio para ti, querido contribuyente que pagas nuestro sueldo con tus impuestos, en fin.

Debo confesar que tenía toda la güeva del mundo de ir a enfrentarme a los trámites burocráticos que desde el principio dan tintes de problemas. Mi cita era a las 13:18 pm, ¿qué es esa hora? Eso que se lo dejen a los trenes europeos que salen a la hora que marca el minuto indicado, ¿pero aquí? Dicho y hecho, me atendieron casi a las 14:00 hrs. Hasta ahí no puedo quejarme, igual ya iba preparada con mi libro para una larga espera, así que mi estado zen aún estaba intacto. Pasé con un joven muy atento que me pidió mis papeles, archivos, etcétera. En su mesa estaba la misma declaración de atendernos correctamente. Firmé todo lo que debía y me pasó nuevamente a esperar. Un chico me llamó y me pasaron a registrar mis huellas, creo que hasta las retinas, porque me hicieron mirar como en unos binoculares tipo Robocop, firmé electrónicamente y volví a esperar. Me llaman para entregarme mis papeles y mi FIEL. El chico me dijo que para tramitar mis recibos necesitaba la CIEC y pedir los folios. Muy obediente yo tomé otro turno, me llamaron inmediatamente y una chica, Maya Brenda (recordé su nombre por eso de las coincidencias) me atendió de maravilla, tenía que dar otra clave, para este momento yo ya había dado tres que no pueden ser las mismas porque todas tienen diferentes características, alfanuméricas, mayúsculas, minúsculas, etcétera. ¡Mi CIEC estaba lista! (ahora debo confiar en mi memoria, nada confiable, para las tres claves que hay que mantener en mente).

Ahora sólo debía pasar a la sala de internet para que el asesor me ayudara a pedir mis folios y voilà!, recibos de honorarios nuevecitos y todos mis registros en orden. Pasé por otro número, 2053, en el tablero no se veía en qué número iban, así que pregunté al encargado, un tal Sergio, que cómo le hacía, me dijo, “espere un minuto” y me senté, cuando me di cuenta, Sergio atendía a personas que llegaron después que yo; en el tablero salió mi número, 2053, me volví a acercar a él y le dije que ya había salido mi número y, enfrente de todo el mundo, con voz alta y grosera, me dijo: “¡Qué no ves que estoy atendiendo a cuatro contribuyentes, espérame!” ¡Ya salió el peine! Llegó el momento que tanto temí, ése en el que todo mexicano le mienta la madre al sistema y busca al encargado. Cuando llegué con él, había otra señora quejándose del mismo sujeto. Para no hacer el cuento más largo, a las dos nos ayudaron y nunca vi que le dijeran nada al susodicho.

El problema en México es que este tipo de groserías se pasan por alto y la gente mantiene su trabajo y ni les jalan las orejas, incluso, en vez de regañarlos, les dicen: ahí llegaron dos pinches viejas a quejarse de ti, ca’on... y ése es el regaño.

Una vez más y con todo el día, que pensé: “haré una buena columna porque, sorprendentemente, cero traumático hacer este trámite” y miren... siempre hay un negrito en el arroz.

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