Mercados financieros: ¿Dios?

La teoría neoliberal sostiene que los mercados deben regir las vidas de los humanos.

Ningún noticiario ha dejado de mencionar que los mercados financieros de Estados Unidos, Europa, China o México habían perdido miles de miles de millones de pesos. El lunes 8 de agosto, la Bolsa Mexicana de Valores perdió, en un día, 255 mil 512 millones de pesos. No fue un temblor como el de 1985 en México, ni tampoco una bomba atómica, como la que explotó en Hiroshima, que hubieran destruido ciudades y plantas productivas. No fue más que especulación financiera. O sea que esos recursos, en lugar de emplearse para reactivar la economía y así reducir tanta pobreza, tanto desempleo, tantas micro y pequeñas empresas que quiebran año con año, fueron usados por unos cuantos —el “Uno por Ciento”—, como en un casino. Pero nos presentan las crisis como obra de algo más allá de las decisiones de seres humanos: como obra de los mercados financieros.

Las catástrofes de los mercados financieros fueron desatadas, según unos, porque el Partido Republicano está decidido a destruir a Obama —presidente negro y “socialista”, anatemas del Tea Party (el Yunque del Partido Republicano)— y, según el Premio Nobel Paul Krugman, porque la empresa calificadora Standard & Poor’s le degradó la calificación al gobierno de Estados Unidos. Hay que recordar que también fue Standard & Poor’s la que le bajó la calificación a la empresa Lehman Brothers un mes antes de que el emblemático banco de inversión se colapsara en septiembre de 2008, iniciando la crisis mundial de la cual aún no salimos.

Quien está jugando a ser Dios es el “Uno por Ciento” del mundo, integrado por los inversionistas y los administradores de fondos de dinero más poderosos. Anteayer, sin embargo, un periódico de circulación nacional mencionaba  que los responsables de la inestabilidad mundial —¡Qué manera tan inocua de llamarle a los efectos de una crisis sufrida por la mayoría de la población que es pobre y desempleada!—  son los gobiernos de Estados Unidos y Europa, por sus respectivos déficits públicos. Los políticos y comunicólogos que afirman esto, no solamente pecan de neoliberales, sino que padecen el asesoramiento de pésimos economistas.

El poder ideológico del neoliberalismo y de la influencia de la teoría económica neoclásica de las universidades estadunidenses llegó también a China, a pesar de estar gobernada por un partido comunista. Como lo mencionó un periódico español: China enseña capitalismo a Estados Unidos. El gobierno chino le pidió el sábado 6 de agosto a Washington que se apriete el cinturón y ponga fin a su adicción a la deuda, viviendo en la medida de sus medios. Más o menos la misma recomendación equivocada que le da al gobierno mexicano el pésimo economista —Ernesto Cordero— que trabaja como Secretario de Hacienda.

El neoliberalismo —y la teoría económica neoclásica que lo sustenta—, sostiene que los gobiernos no deben intervenir en la economía, que se debe permitir la supremacía de los mercados… que los mercados deben regir las vidas de los seres humanos, ¿como Dios? Un pequeño problema es que los mercados financieros no son actores, son instituciones y, por lo tanto, ellos suben o bajan, no por intención o decisión propias, sino porque hay actores —seres humanos— que los hacen subir o bajar. Y estos actores son los grandes inversionistas y administradores de los fondos de dinero que conforman el “Uno por Ciento” del mundo.

 El error de Obama no es haber contraído un déficit fiscal, sino haberlo dedicado para salvar las especulaciones de las empresas financieras, en vez de haberlo utilizado para incentivar el incremento de la productividad de la industria de su país.

La crisis mundial se prolonga, no solamente por las especulaciones financieras, que son su detonador, sino porque la economía real —es decir, la que produce bienes y servicios— de Estados Unidos y de Europa no se está desarrollando. El neoliberalismo mexicano, dominante desde los años 80, gracias a los cinco gobiernos federales que hemos padecido desde entonces, blindó al sistema financiero nuestro después de la crisis de 1995 para que los sacudimientos internacionales no nos afectaran. Pero con sus mismas políticas y medidas gubernamentales neoliberales, le pusieron una camisa de fuerza al desarrollo de la industria y la agricultura mexicanas para el mercado interno y ataron el crecimiento de la economía al destino de la economía real estadunidense, que está en declive, privilegiando la inversión extranjera por las empresas transnacionales y el comercio exterior, que sigue siendo deficitario.

Como mencioné hace una semana, los déficits públicos son indispensables cuando una economía está en recesión; por lo tanto, no son los gobiernos los responsables de la crisis, son los grandes inversionistas y administradores de los fondos de dinero los que especulan contra los gobiernos, usando la ideología, una teoría económica equivocada y el poder de sus recursos para esconder la mano cuando tiran la piedra. Los mercados son instituciones manipuladas por personas, no son Dios. 

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