La función comenzó con sala llena. La butaquería dispuesta alrededor del escenario fue ampliada con un par de hileras extra para dar cabida al público que rebasó la oferta de taquilla. El pasado jueves, La ópera de a barrio, de Erando González, se presentó una vez más en el Foro la Gruta, de cara a un público de jóvenes y adultos, en un convivio animado por recurrentes aplausos y carcajadas. Se trata de una versión libre de La Ópera del mendigo, escrita por John Gay en 1728, que fue inspiración para la Ópera de los tres centavos, de Bertolt Brecht. La versión de este clásico en la puesta en escena que hoy comentamos, ubica la trama en México, en una mezcla de alusiones a personajes diversos de las últimas décadas. Vemos ahí la recuperación del caricaturezco Negro Durazo, referencias a la corrupción sindical y esa complicidad extensa y cínica entre autoridades y delincuentes.
La adaptación de La Ópera del mendigo, del músico y teatrero Erando González, goza de un desparpajo, de notable fluidez, de ingenio para versificar, para aludir con gracia deformaciones sociales de aquí y ahora, y otras que son constantes de todos los tiempos. En la urdimbre de diálogos y canciones se va contando la historia de “Elías Badú, patriota y empresario que ha descubierto un hilo de oro en la pringosa trama del tejido social”, es decir la posibilidad de capitalizar el pordioserismo con el establecimiento de la Confederación Nacional del Andrajo, una organización que aglutina mendigos, a quienes provee de muñones y demás insumos para la venta de dolor humano. A la hija de Badú la seduce el corruptor de “mayores y menoras” el “filoso Mai”, lo que destata el enfrentamiento entre el líder sindical, el Güero Durazno y el hampón aficionado a las prostitutas, a quien se encarcela con el fin de apartarlo de la joven enamorada, pero que resulta liberado en el triunfo de la impunidad, como sucede con frecuencia en México.
La musicalización y los arreglos de Erando González y Armando López ofrecen una mezcla de tango, danzón, mambo y cha cha chá, entre otros ritmos populares, en una interpretación en vivo eficiente para ubicarnos en coloridos y sensuales bajos fondos y llenar el escenario de ánimos festivos. En el piano alternan Ramiro Martínez y Adolfo Silva; Severo Viñas y Ulises Castillo, en el bajo; Armando López, en la batería; Oliver Ochoa y Miguel Haller, en las percusiones; e Itzam Pacheco en el saxofón, teclados y flauta, así como en la orquestación y dirección musical. El espacio donde se desarrolla la acción se reduce a un conjunto de cajas apiladas, frente a las cuales es posible imaginar una bodega, un prostíbulo, habitaciones de una casa y la cárcel y donde Alexis Zanetti ha diseñado sus populacheras coreografías.
A lo largo de la función de La Ópera de a barrio, si bien es inevitable recordar a Gay y Brecht, la música y el desempeño de las actrices bajo la dirección de Bernardo Velasco, quien hace los papeles de Mai y Badú, nos remiten al teatro de revista mexicano. Velasco rinde un homenaje chispeante a Palillo y Resortes. En la entonación, las mujeres en los papeles masculinos brindan una nostálgica recuperación de los jodidos en Nosotros los pobres y Ustedes los ricos. El éxito de la puesta en escena debe mucho al gracioso, afortunado desempeño del director y actor Bernardo Velasco, así como de Sandra Arcos, Marisa Saavedra y Maite Suárez, que cantan, bailan y animan cada cual a diversos personajes.
El universo que presenta La Ópera de a barrio, con su descomposición y denuncia, si bien me hizo reír, más que recordar me hizo olvidar la violencia, la crueldad, los límites de deshumanización a los que hemos llegado. Ante la realidad mexicana de hoy, los personajes típicos de los hampones se van volviendo representaciones ingenuas del crimen organizado. Al pensar en los capos y sicarios de la guerra que tantos muertos va dando en el territorio nacional, quienes me vienen a la cabeza son Tito Andrónico, Ricardo III y Calígula.
Con todo y lo ingenua que pueda resultar ante el horror contemporáneo, La Ópera de a barrio resulta una eficaz terapia de la risa en el pantano de las desgracias nacionales. Las funciones corren los jueves a las 8.30, en La Gruta del Centro Cultural Helénico.
