Comilona plural
La mayor parte del tiempo Zambrano y Madero permanecieron solos.

Francisco Garfias
Arsenal
Gustavo Madero y Jesús Zambrano comieron ayer en el exclusivo restaurante The Palm de Polanco. El presidente del PAN y el del PRD no habían tenido un tête à tête (frente a frente) desde antes de las elecciones del 3 de julio. Las relaciones entre los dos partidos se tensaron a tal grado, que no hubo coalición en el Edomex ni en Coahuila ni en Nayarit, pero ellos dos se llevan bien. Ambos se sentaron en un lugar apartado, pero es evidente que no buscaban discreción. En ese comedero es imposible que no te vean. La clientela se compone de altos funcionarios, diputados, senadores, ministros, líderes de partido, ex gobernadores, empresarios…
Va el botón de muestra. Alejandra Sota, coordinadora de Comunicación Social de la Presidencia, comió en otra mesa con la senadora Gabriela Ruiz. Se apareció después la senadora Beatriz Zavala. Otros comensales allí presentes: el senador del PAN, Alejandro Zapata; el secretario de Seguridad Pública del DF, Manuel Mondragón y Kalb; El Negro Elizondo, ex secretario de Turismo; Joaquín Hendricks, ex gobernador de Quintana Roo; María Amparo Casar, académica; Rogelio Gasca Neri, consejero de Pemex…
El presidente del PRD llegó primero. Pasó junto a este reportero. Saludó, evitó la charla, y prometió regresar. No lo hizo. Cinco minutos después apareció el jefe nacional panista. También se acercó. Su actitud era mucho menos defensiva que la del perredista. “Se van a oír fuertes los grillos”, bromeó, al confirmar que comía con Chucho. ¿Y de qué va la comida?, preguntamos. “Ahorita me voy a enterar”, evadió el de Chihuahua.
La comida entre ambos dirigentes, opuestos ideológicamente, otrora aliados electorales antiPRI, duró alrededor de dos horas. La mayor parte del tiempo permanecieron solos. Conversaron a sus anchas. Al final se incorporó un acompañante de Chucho. Minutos después, Madero se cambió de mesa.
Nos acercamos a Zambrano. Queríamos saber qué hubo en el menú de la prolongada plática. “Hablamos de todo, nos actualizamos…”, respondió el perredista. ¿La coalición fue tema?, insistimos. “Recorrimos todo, pero ese no fue tema”, repuso, hasta en un par de ocasiones. Chucho asegura que la comida se organizó espontáneamente durante un evento en el que JP Morgan, financiera global, invitó a los dirigentes de los principales partidos a dar sus puntos de vista. “Para variar, Moreira no llegó”, dijo el perredista.
Allí se encontraron Madero y Zambrano. Allí pactaron la comida.
Hablamos después con Madero. Fue más explícito: “Es importante que en estos momentos, tan delicados para el país, haya interlocución con todos”. El panista negó que hayan abordado el tema de la coalición.
Charlamos también con El Negro Elizondo. El ex secretario de Turismo está dedicado a actividades privadas, pero sigue siendo panista de corazón. ¿Apoyas a algún aspirante presidencial?, preguntamos. “A Lujambio, pero ya lo dejaron solo”, lamentó el duranguense. Vaticina que al final de la contienda interna sólo quedarán Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel. A Ernesto Cordero, delfín del presiente Calderón, no le da oportunidad. “Lo apoyan con todo, pero no levanta ni una pesa…”
Alejandro Zapata es uno de los promotores de la carta de apoyo de 134 notables del PAN —entre ellos cuatro gobernadores— al secretario de Hacienda. “Dice Elizondo que Cordero no levanta ni una pesa”, comentamos. El legislador potosino lo refutó. Sacó su BlackBerry; buscó en sus archivos una encuesta (¿patito?) del Colegio de Abogados para apoyar sus palabras.
Mostró la pantalla de su dispositivo: Creel, 27%; Cordero, 16.4%; Emilio González, 15%, Josefina, 14%; Lujambio, cinco por ciento. La duda nos entró cuando vimos que la misma encuesta, pero en el PRI, pone casi empatados a Enrique Peña Nieto y a Manlio Fabio Beltrones.
Será este viernes cuando el Tribunal Electoral del DF resuelva en definitiva las impugnaciones de todo tipo presentadas por distintos grupos del PRI, de cara a la renovación de su dirigencia en la Ciudad de México, el próximo 14 de agosto. Se registraron seis fórmulas.
La disputa real es entre los leales a la senadora María de los Ángeles Moreno y los que están con el asambleísta Cuauhtémoc Gutiérrez. Hay una “tercera opción”. Es la que encabeza Rosario Guerra, otrora operadora estrella en San Lázaro. No trae sectores ni grupos del partido, sólo militantes y ciudadanos. “Juega inteligente. Le alcanza para una diputación”, comentó un observador político. La elección en el PRI-DF es la más importante desde 1997. Los tricolores perdieron ese año la Jefatura de Gobierno de la capital. El perredista Cuauhtémoc Cárdenas los derrotó. Desde entones casi no existen en la Ciudad de México. Son la tercera fuerza política. Pero en 2012 pueden resucitar. Un buen candidato y lo que ya la oposición llama “el efecto Peña” los pone en situación de dar la sorpresa.
Beatriz Paredes se perfila como la candidata idónea. El bajo perfil que ha adoptado desde que dejó la dirigencia nacional del PRI, el pasado marzo, le ha beneficiado. “Sube sin hacer nada”, observó el diputado Óscar Levín Coppel, al referirse a la intención de voto que reflejan las encuestas. Falta que la tlaxcalteca acepte.