El fantasma de la crisis

Lo único cierto es que el mundo será diferente a como lo hemos conocido y quién sabe si mejor o peor.

Después del anuncio de que Standard & Poor’s bajó la calificación de los bonos del Tesoro de Estados Unidos comenzó una espiral de pánico y la estrepitosa caída de las bolsas de valores del mundo.

Inmediatamente surgieron un cúmulo de preguntas: ¿Qué significa eso? ¿Va a haber otra crisis mundial? ¿Quién tiene la culpa de esto, Obama, los demócratas o los republicanos esos del Tea Party? ¿Lo que sucede en EU tiene algo que ver con los problemas de Europa? ¿Por qué la opinión de las “calificadoras” es tan importante como para causar estos problemas?

Para comenzar, hay que decir que la opinión de las calificadoras es muy importante, porque sirve de guía para las decisiones que toman tanto los inversionistas internacionales como todos aquellos que en algún momento estén pensando comprar deuda soberana de un país; en este caso bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Es cierto que a las calificadoras se les ha acusado de cometer errores, emitir juicios precipitados o incluso hasta de actuar malintencionadamente en contra de algún país, pero, a falta de un mejor instrumento, es lo que hay.

También es cierto que el Congreso norteamericano ha mostrado en los últimos tiempos la cara menos agradable de la clase política, particularmente el ultra conservador grupo republicano del Tea Party que, con tal de conseguir sus fines, es capaz de poner contra las cuerdas no sólo al presidente Obama, sino a todo el sistema económico internacional. Pero así son las cosas en democracia y hay que asumir los costos de ésta.

Más allá de las presiones y chantajes partidistas recientes, no se puede negar que el gobierno de Estados Unidos lleva mucho tiempo, entiéndase décadas, gastando más de lo que tiene y en algún momento tenía que suceder lo que ahora se ve; la diferencia es que esta vez costó mucho trabajo que ambos partidos llegaran a un acuerdo, pues mezclaron otros temas políticos, como la sucesión presidencial de 2012, que enrarecieron las negociaciones.

En este sentido, sí es culpa de Obama, pero también de Bush, de Bush padre, de Reagan y quién sabe cuántos presidentes más hacia atrás y, por supuesto, de las legislaturas pasadas, que autorizaron el incremento del techo de endeudamiento del gobierno estadunidense.

Respecto a la relación del problema actual en EU con lo que sucede en Europa o la posibilidad de que haya otra crisis mundial, lo que debe quedar claro es que realmente el mundo no ha logrado superar la grave crisis económica iniciada en 2008.

Si en algún momento se pensó que ya se había superado el problema es porque era más fácil recurrir a la idea de “aquí no ha pasado nada, que siga la fiesta”, que tomar conciencia de que se necesita una revisión profunda del sistema económico y financiero internacional; del modelo neoliberal vigente desde 1980; de la tan llevada y traída globalización; de la hegemonía norteamericana y, en general, de todo aquello que en los últimos 30 años nos dijeron, y quisimos creer,  era bueno y funcional.

Hay que aceptarlo: aquí está el fantasma de la crisis, ¡se acabó la fiesta!

La pregunta es ¿qué va a pasar ahora? Nadie lo sabe. Lo único cierto es que el mundo será diferente a como lo hemos conocido y quién sabe si mejor o peor.

En este nuevo panorama, el papel de los países dependerá de la habilidad de sus gobiernos, empresas y ciudadanos para identificar las áreas de oportunidad que se abren en todo tiempo de cambio. Si México hace bien las cosas podrá aprovechar mejor la situación que lo hecho hasta ahora, pero si no, el futuro será todavía más oscuro que el presente. ¿Está el país preparado? Todavía más urgente, ¿está usted preparado?

*Profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Anáhuac México Norte.

forointernacional@anahuac.mx

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