Hacia un nuevo orden mundial

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No pasó gran cosa. Se cayeron las bolsas. Luego se levantaron. ¿Se volverán a caer? ¿Y luego? En el fondo ya poco importa. Lo relevante es que la “recuperación” estimulada por pura creación de dinero y acumulación de deuda pública encontró sus límites políticos y sociales, no sólo en Estados Unidos, sino en el mundo entero. El gastado truco keynesiano con sus quantitative easings y demás “instrumentos”, reventó en 48 horas. Reventó porque nunca consiguió ser creíble. Los grandes innovadores y creadores de las nuevas fuentes de productividad global han seguido creciendo y acumulando cash, sin necesidad de ayudas o rescates oficiales. Apple dispone hoy de más cash que el gobierno federal de Estados Unidos. Yahoo! ha lanzado ya su propio dinero digital, el bitcoin. Pero los millones de pequeñas y medianas empresas que son el verdadero músculo de la economía global ni la sintieron ni se la creyeron. Ese es el problema de fondo y por ahí ha de buscarse la solución. La intermediación financiera está colapsada. Y el proceso político no ha conseguido restaurarla.

El “truco keynesiano” funciona sólo si es creíble. Si logra desatar los animal spirits del capitalismo. Algún irreverente diría que Keynes y Goebbels fueron al mismo kinder. Pero la receta fracasó. Porque nadie creyó. Y sin credibilidad no hay liquidez que se convierta en inversión ni en crecimiento ni en ocupación. Y el proceso político terminó por reventar el experimento cuando, al borde de la catástrofe, un endeble consenso incrementó el límite de endeudamiento del gobierno federal de Estados Unidos sin establecer nuevas y suficientes fuentes de ingreso. Saludable quizá para el “largo plazo”, pero desastroso para lo inmediato. Es ocioso discutir si Standard & Poor’s exageró. O si las Bolsas sobrerreaccionaron y cualquier día se volverán a “equilibrar”. La calificadora hizo su trabajo, a su modo, para eso es “independiente”. Y la “incipiente” recuperación se detuvo. Urgen nuevas respuestas.

No habrá recuperación ni nuevos empleos ni nueva prosperidad sin reajustes de fondo que reconozcan, ya, que esto es mucho más que una “crisis financiera” y otra “recesión” cualquiera de libro de texto. Este es el principio del fin del predominio del capital financiero y del modelo concebido en torno al modo de producción industrial “fordista”. La civilización industrial agoniza, en buena parte, víctima de sus propios éxitos, y la reconstrucción económica y política del planeta comienza a dejar ver los rasgos distintivos de un nuevo orden mundial.

Apuntaré aquí algunos elementos que permiten comenzar a vislumbrar los rasgos esenciales del mundo venidero. No por afán especulativo o porque me crea profeta. Sino porque me gana el habito de pensar el mundo en términos de “escenarios” y el afán de concebir estrategias para buscar salidas exitosas a las aparentes catástrofes. Menciono algunos: 1) La aceleración de la destrucción creativa; 2) la cada vez más rápida desaparición del trabajo asalariado y su reemplazo por nuevas modalidades de colaboración descentralizada y no subordinada; 3) la erosión y gradual desaparición de los activos monetarios y su reemplazo por registros digitales; 4) el debilitamiento creciente de los estados nacionales y el fortalecimiento de redes globales de intercambio y poder que no reconocen fronteras; 5) la sustitución creciente del consumo de bienes manufacturados y estandarizados por el disfrute de “experiencias” y la desaparición de la privacidad. Habrá que analizarlos en detalle para ver cuáles son las mejores respuestas que México puede adoptar ante ellos.

P.D. Decidí posponer el análisis de los aspirantes a timonel debido a insuficiente información pública para contrastarlos con el “retrato hablado” propuesto. Esperaremos una mejor oportunidad. El retrato ahí queda. Los electores dirán.

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