Brecht, Breton, Ionesco y Beckett

La lectura nos puede dar la felicidad que los seres humanos no nos pueden quitar.

Porque la cultura no es aburrida. Porque la lectura nos puede dar la felicidad que los seres humanos no nos pueden quitar. Porque en nuestro país se lee poco; se ha dicho que un promedio de uno o dos libros al año para el ciudadano común, que en otras naciones lee diez libros. Y porque ya en alguna ocasión me referí a excelentes escritores mexicanos, hoy voy a centrarme en autores de otras naciones, cuyos textos, en buenas o malas traducciones, pueden leer los estudiantes de aquí.

Bertolt Brecht. (Alemania, 1898-1956) La excepción y la regla (1930), Los fusiles de la madre Carrar, Madre Coraje y sus hijos, La ópera de cuatro centavos, La irresistible ascensión de Arturo Oui, Terror y Miseria del Tercer Reich, Tambores en la noche, Vida de Galileo. Fundó Brecht el Berliner Ensemble y en Berlín, en inmejorable compañía, tuve ocasiones de ver representadas las piezas de ese autor. Aunque Brecht ya había fallecido, el teatro era lugar de admiración y homenaje para él; sus obras causaban impacto. Pude también visitar su casa en Berlín y escuchar anécdotas de su vida, como cuando su mujer le compró una máquina de escribir nueva y se enojó porque lo que él quería era su máquina vieja. Además, nos contaron de cuando le compraron un abrigo nuevo y no lo quiso porque prefería su gabardina vieja.

André Breton. (Francia, (1896-1966). Su Antología del humor negro (1940) y Manifiestos del Surrealismo. Para definir el humor negro, uno de lo temas esenciales del surrealismo, Breton acude a Freud: “el humor representa una revancha del principio del placer del otro yo sobre el principio de realidad del yo”. Así, el humor vence la realidad de la existencia para dar paso a lo surreal. De tal manera, en los Cantos de Maldoror, Lautréamont definía la belleza como “el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de una máquina de coser y un paraguas”. Como es sabido, el surrealismo no se desarrolló únicamente en la literatura sino también en la pintura, pongamos por caso. Pienso en Marcel Duchamp, precursor del dadaísmo, y en su cuadro en el que la novia desnudada por sus celibatarios  baja por la escalera, aunque desde luego no hay novia ni escalera.

Ionesco. (1912-1994) Dramaturgo francés de origen rumano, principal representante, junto con Samuel Beckett, del teatro del absurdo. Su primera obra, La cantante calva, propone diferentes usos del lenguaje para escribir una pieza de teatro. Revoluciona así el panorama teatral y prosigue con Las sillas, Rinoceronte y El rey se muere, entre otras obras. Afirmaba acertadamente que la poesía no es un rito, ni un discurso Y decía que como escritor no daba mensajes, no era cartero. Opinaba que la verdadera política es el arte de organizar la vida en sociedad permitiendo a los escritores realizarse. Así la meta de la política debía ser la cultura. Lamentablemente hay políticos que tienen como meta sus ambiciones personales.

¿Y Beckett? Su pieza Esperando a Godot le dio fama mundial a este autor irlandés, nacido  en 1906, que escribió en francés la obra de teatro, publicada en 1953.

En el rincón de un campo donde sólo hay un árbol, dos mendigos esperan a Godot. Nunca lo han visto ni saben porqué lo esperan y para qué. Lo único que los tiene ahí, esperando, es que prometió regresar. En plena noche, esa espera les da motivo de no ahorcarse permitiéndoles además perder el tiempo. ¿Cuándo, a qué hora, aparecerá Godot? Estragon y Vladimir sólo hablan de eso. Y ¿por qué ellos dos están juntos? Tampoco lo saben. Se llevan mal, no se soportan, pero ahí están juntos, esperando. La situación se vuelve cómica. Surge entonces una extraña pareja, más extraña aún que Estragon y Vladimir. Un hombre y su esclavo. El hombre trata al esclavo peor que si fuera un perro. Le avienta pedazos de pollo y lo azota con crueldad  de demente. Sin embargo no siente placer por eso. Patrón y esclavo observan algunos momentos a Estragón y Vladimir y se van. “Por lo menos así pasamos el tiempo”, dice uno de los mendigos. Llega después un mensajero que les dice que Godot no vendrá hasta mañana. Llega el día de mañana y todo vuelve a empezar igual, pero el hombre y su esclavo han envejecido. Otra vez Godot manda decir que vendrá mañana. Lo puniblemente absurdo de la vida recomienza. Beckett creó una pieza revolucionaria que se volvió clásica.

Me falta espacio para referirme a Antonin Artaud y su teoría de que el teatro debe entrar al espectador por la piel. Pero a la fecha, los que se desnudan, revuelcan, se azotan en el escenario y se divierten tratando de espantar al ciudadano de hoy, creen que han inventado algo nuevo. Más bien lo de Artaud lo han estropeado.

En un próximo artículo, probablemente hablaré de los políticos, aquí, hoy, aunque no para caer en los dimes y diretes de cada uno. Hay que exigir que digan claramente lo que se proponen  hacer y cumplan con ello.

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