Cordero debe quedarse en Hacienda
Debe decir adiós a sus aspiraciones presidenciales. La crisis que llegade EU, paradójicamente, lo reventó y lo obliga a permanecer en el cargo.
El quiebre financiero en Estados Unidos ha puesto contra la pared a Ernesto Cordero, quien estimaba renunciar el 15 de agosto para buscar la candidatura presidencial del PAN: o se queda en Hacienda para enfrentar una situación económica grave que podría generar desempleo y recesión en México o abandona el barco para satisfacer sus pírricas aspiraciones presidenciales.
Cordero está frente a la decisión más importante de su carrera profesional: o encabeza al equipo anticrisis en defensa de la estabilidad económica o dimite para buscar el 2012. Si tiene ética y responsabilidad, debería optar por la primera opción. El país se lo agradecería.
“Es la economía, estúpidos”, asume la máxima clintoniana. Y es cierto: más allá de la lucha contra el crimen organizado, el bolsillo de millones es su prioridad. Conservar el empleo y el ingreso, mantener abiertas las empresas y garantizar un crecimiento anual que ya fue ajustado por el propio Cordero a cuatro por ciento.
Cordero y su jefe, el presidente Calderón, tienen una obligación como funcionarios públicos: garantizar la estabilidad financiera del país, más allá de estrategias políticas rumbo a la elección presidencial.
En el momento en el que Cordero abandone Hacienda para buscar la candidatura —hasta hoy, alejada e improbable—, en ese mismo instante estará terminando con su carrera política. ¿Quién va a respaldar a un ex secretario de Hacienda que prefirió una aventura política en lugar de enfrentar la turbulencia económica que incluso Cordero califica de “bastante seria” y no de un “catarrito”?
Cordero debe permanecer en Hacienda para hacer frente a la amenaza de una recesión que devastaría dos cosas: la economía y la confianza de millones de mexicanos en el segundo gobierno panista.
El amigo del Presidente tiene que asumir su responsabilidad histórica, aderezada con su casi nula posibilidad de ser elegido candidato presidencial del PAN —se ha estancado en 7% de preferencias electorales—, y quedarse en Hacienda.
Cordero debe dejar libre el camino a quienes sí tienen posibilidades: Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel.
Renunciar ahora sería aniquilar no sólo su carrera política. De paso, le daría el tiro de gracia al gobierno de su amigo Calderón, llevaría a una derrota casi segura al PAN en 2012 y sería el verdugo de la posibilidad de un tercer gobierno panista. Casi nada. Haría chuza.
Cordero tiene que decir adiós a sus aspiraciones presidenciales. La crisis que llega nuevamente de EU, paradójicamente, lo reventó y lo obliga a permanecer en el cargo.
Los síntomas de una crisis severa están a la vista: la degradación de la deuda de EU apunta al desplome de Wall Street y de Europa. “El mundo se asoma a otra recesión ante la impotencia de los gobiernos”, fue la cabeza principal del diario El País el domingo pasado.
“Recaída”, es el diagnóstico financiero para EU y Europa. El FMI advierte que la desaceleración prolongada en la economía estadunidense “podría afectar incluso a créditos sólidos como el de México”. Las Bolsas del mundo caen. Dow Jones pierde 3.22 por ciento. Nasdaq, 4.06 por ciento.
¿Qué otras señales necesita Ernesto Cordero para entender que su permanencia en Hacienda es obligada, profesional y moral?
Es la crisis que llega, otra vez, de EU, en un laberinto de infortunios que tendrá que enfrentar el gobierno de Calderón. Pagar los platos rotos del vecino del norte. Primero fue en 2008. Hoy, un coletazo financiero venido nuevamente de afuera, en una especie de hechizo contra el calderonismo.
“Habrá un impacto moderado”, dice el gobierno. Sí, cómo no. Ya sabemos lo que “moderado” significa: desempleo y cierre de empresas.
“Nadie es indispensable”, dice Cordero al ser cuestionado acerca de si se quedará en Hacienda.
Cierto. Pero hay una cosa que se llama responsabilidad. Ética. Compromiso.
Ojalá Cordero, por el bien del país, lo entienda.
ARCHIVO CONFIDENCIAL
¡AY, MOREIRA! Exige el presidente del PRI, Humberto Moreira, que antes de aprobar las reformas política, laboral y de seguridad nacional, salga la Ley General de Coordinación Fiscal para otorgar más recursos a los estados. Es una jugada con doble intención: dar más dinero a los gobiernos estatales —cuya mayoría tiene el priismo—, para objetivos estrictamente político-electorales, como la pomoción de votos para la elección presidencial de 2012. “Antes, nada”, advirtió Moreira, quien ya cumplió 35 días de su promesa de “ahora sí, las reformas” y, hasta hoy, nada. “Para crear más riqueza se requieren esas reformas”, le respondió vía Twitter el secretario del Trabajo, Javier Lozano, quien en este punto tiene razón. Vaya con Moreira. Son ellos, los priistas. No cambian. Ni cambiarán.
Twitter: @_martin moreno
