Cambio de estándares
- Habrá que repensar mucho de lo armado con el estándar anterior.
- Lo sucedido no es del todo sorpresivo, pero agrega riesgo a la situación.
Esta Consejería de lunes que suelo escribir los viernes, la empiezo a escribir el sábado a eso de las 23:00, lo que me ha dado la oportunidad de conocer la noticia que seguramente usted, amigo lector, ya ha compartido con otros: Standard & Poor’s (S&P) redujo la calificación a la deuda soberana de Estados Unidos. Cuando usted lea esta columna, los mercados de América, si no han abierto, pronto lo harán (quizá ya hayan cerrado), en Europa ya estarán a media jornada y en Asia tendrán unas horas de haber cerrado y ya se tendrá una primera impresión de lo que significa para los mercados financieros operar con un nuevo estándar financiero: la deuda del gobierno estadunidense no tiene calificación “AAA”, sino “AA+”, al menos desde el punto de vista de S&P. ¡Qué tal!
Lo que fue un hecho cotidiano durante décadas, dejó de serlo y habrá que repensar muchas de las cosas construidas alrededor de ello, por ejemplo: la calidad del dólar como moneda de reserva, la seguridad que hasta ahora han ofrecido los títulos emitidos por el gobierno del país con la economía más grande del mundo, lo que puede ocurrir con las tenencias que muchos inversionistas institucionales alrededor del mundo poseen en este tipo de valores y que por norma tienen la de sólo invertir alguna parte (la que sea) de sus activos en valores con calificación “AAA”, lo que hoy valen las garantías que las instituciones bancarias alrededor del planeta han recibido y que están constituidas por los títulos en cuestión, lo que eventualmente pueda pasar con otros “AAA”, lo que hagan otras calificadoras, etc.
Lo que nos ha venido preocupando en las semanas y meses recientes, incluidos los temas financieros y fiscales estadunidenses, sigue igual, y lo que ocurrió con la decisión de S&P agrega motivos de preocupación al escenario, pero tampoco es algo que desconociésemos o sorpresivo. En varias de la Consejerías de las semanas pasadas escribí sobre estos temas y, en general, lo que dije es que una situación fiscal y financiera muy complicada en Estados Unidos se había llevado al extremo por razones de tipo político; que el arreglo al que se había llegado era insatisfactorio e insuficiente; que la perinola detuvo sus giros mostrando la cara de “todos ponen” (que califiqué como de “todos pierden”), y que, en general, la decisión hacía evidente la falta de capacidad de los políticos estadunidenses para llegar a acuerdos que apuntaran a una solución de fondo del problema.
La bronca es que todo lo anterior ahora lo dijo Standard & Poor’s, que tiene algo más de influencia que un servidor en los asuntos de las finanzas globales. Sí sabíamos de lo que ocurría y de sus posibles consecuencias. Es más, hasta el presidente Obama lo dijo hace unos días, al dirigirse a sus conciudadanos: ustedes votaron por un gobierno dividido, pero no por un gobierno disfuncional. Y sí que lo tienen, y eso es lo que fundamentalmente está detrás de la decisión de degradar la calificación de su deuda gubernamental. Varias veces he mencionado en este espacio que uno de los riesgos que están en el ambiente no sólo es la falta de herramientas de política económica o mecánicas financieras para atacar los problemas que se tienen, sino la crisis en el liderazgo político alrededor del mundo. Y la combinación es altamente inestable y por tanto, muy riesgosa.
Lo peor en este caso es que los políticos estadunidenses demostraron lo poco que les interesan los compromisos con sus votantes y su responsabilidad que tienen, les (nos) guste o no, por ser la economía más grande del mundo y lo que de ello deriva en los terrenos político, social y militar, considerados globalmente. En las horas siguientes a la decisión, todos buscan una cabeza que cortar (la de Barack Obama es una de las más solicitadas) y culpables a quienes señalar —por decir lo menos. Los republicanos culpan a los demócratas, el gobierno a los republicanos, varios a S&P, los chinos reclaman y señalan a Estados Unidos como un adicto al endeudamiento, más lo que usted piense. Si bien es lo normal, me parece que no es útil, pero entiendo que la culpa es uno de los trucos favoritos del humano, en el sentido activo y en el pasivo, para manipular sus responsabilidades. Suerte.
