La fuga de la realidad

Se cree que el gobernante debe decir

Los gobiernos de hoy han caído en la perversa lógica de verlo todo a través de las encuestas. Los sistemas de toma de decisiones se han consolidado con base en estudios de opinión pública y la mayoría de los políticos difícilmente proponen o dejan ver una posición si no se fundamenta en resultados de sondeos y consejos de expertos en imagen pública.

La cuestión es perversa porque nace de una confusión inaceptable para quien ejerce el poder: se cree que el gobernante debe decir “lo que el pueblo quiere escuchar”, posición, no sólo frívola, sino ajena a toda concepción verdaderamente republicana del ejercicio democrático y de la consolidación de las instituciones.

En ese sentido, preocupa profundamente que los gobiernos, en todos sus niveles, no han sido capaces de diagnosticar adecuadamente lo que ocurre en nuestra realidad social, y menos aún  presentarlo en su dureza a la ciudadanía. Esta situación es grave porque, si de algo son responsables, es de informar a la población del estado de cosas imperante. No puede ser de otro modo, pues si se oculta o se “maquilla” la información, lo que se está haciendo es provocar, desde las instituciones del Estado, la mentira política, el rumor y el desorden generalizado.

Es más grave aún, porque lo que está por venir para el país son tiempos de enorme incertidumbre. La disputa política de 2012 amenaza con convertirse en una marcada por una violencia criminal que, ya lo hemos visto en otras ocasiones, puede derivar en violencia política. Basta con recordar que el año pasado el contexto electoral se manchó de sangre con el asesinato del candidato al gobierno de Tamaulipas y el del ex gobernador de Colima.

En este 2011, Michoacán, una de las entidades con mayores niveles de violencia y más presencia del crimen organizado, marcará el preámbulo de un contexto electoral sumamente complejo, en el que los grupos delincuenciales pueden asumir y plantear retos mayores al Estado frente a una administración federal, y más frente las entidades, incapaces todavía de mostrar que efectivamente es la autoridad quien ejerce el monopolio de la violencia.

Por si fuera poco, el entorno internacional no sólo está plagado de nubarrones negros, sino que ya nos ha mostrado el poderío de varias “tormentas” que, más allá de disminuir en intensidad, amenazan con convertirse en verdaderos “huracanes” económicos que podrían dejarnos en la ruina planetaria ante la cual, ya lo planteó el titular de Hacienda, no hay ninguna economía que pueda contener sus efectos.

La pobreza masiva que nos agobia y que nos ofrece uno de los mayores reclamos éticos que hayamos enfrentado como país, exige claridad, capacidad de autocrítica y tener la humildad suficiente para reconocer que vamos muy mal, pero que las cosas podrían empeorar si no se toman decisiones de manera inmediata.

Reconocer lo anterior podría ser el primer paso para promover la construcción de un proceso de reconciliación nacional, por lo que es urgente que quienes hoy detentan el poder tengan la capacidad de decirnos, con honestidad, el verdadero estado de cosas que tenemos en el país; preparar a la población para lo que viene, y convocar a una gran alianza nacional para reconstruir un estado de bienestar que nos dé protección a todos. Sólo así, evitando la fuga con la realidad, tendremos la oportunidad de enfrentarla.

          *Director del CEIDAS, A. C.

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