Procurar a los amigos
Mi querido viejo: hoy vale la pena reflexionar sobre lo que son los amigos para nosotros, pero antes quiero comentar algo respecto a mi columna de la semana pasada: nunca había recibido tantos mensajes respecto a ese aspecto de nuestra vida, íntimo y personal que es la ...

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Mi querido viejo: hoy vale la pena reflexionar sobre lo que son los amigos para nosotros, pero antes quiero comentar algo respecto a mi columna de la semana pasada: nunca había recibido tantos mensajes respecto a ese aspecto de nuestra vida, íntimo y personal que es la vida sexual, y me agradó mucho que queridos viejos y viejas queridas hayan expresado su opinión, pidiendo que se hable del tema, porque muchas parejas no dicen nada y ahí están sus sentimientos y sus opiniones; ¡hablemos, hablemos! Ciertamente, la vida sexual de nosotros no es lo más importante, pero si nos callamos y no conversamos con nuestra pareja, eso no nos hace nada bien; felicitaciones a todos los que amablemente escribieron sus opiniones, porque así enriquecen esta columna que es para todos.
Pues bien, mi querido viejo: “si tienes un amigo, ¡disfrútalo!, y si no lo tienes, ¡busca uno!”, dice el refrán, porque, en estos años, uno de los problemas es la soledad; sentir que ya no pertenecemos al grupo de trabajo de la oficina, que no nos hemos encontrado con compañeros de la escuela y, menos, con amigos de la infancia y, ¿sabes?, es importantísimo que esas amistades no se pierdan.
Si haces un recuento de tus amigos a lo largo de la vida, recordarás seguramente a aquel compañerito de la primaria o de secundaria con el que tuviste pláticas y juegos interminables, aquellos con los que estudiabas y hacías tus tareas, o con los que fuiste a una excursión del colegio; ¿dónde están?, ¿viven aún?
O tal vez recuerdes a algún colega en el trabajo cuando comenzabas tu vida, lleno de ilusiones, y querías comerte el mundo a puños, sobresalir y triunfar en toda la línea. Muchas de las mejores amistades nacieron en esos años, cuando juntos iban a jugar dominó o ajedrez, o se reunían para asistir al futbol o beisbol, o hacer excursiones, qué sé yo. Los días y años compartidos en esos tiempos no se olvidan, y esos amigos, ¿dónde están?
Mi querido viejo, es posible que a estas alturas del partido ya no haya forma de volver a contactar a aquellos compañeros de otras épocas, pero no por eso vamos a deprimirnos, ni mucho menos a aislarnos.
Una de las grandes ventajas de estos años es que tenemos tiempo de crear nuevas amistades, de encontrar nuevos amigos, personas que tengan nuestras mismas costumbres, nuestros mismos gustos, nuestras mismas aficiones. Por ejemplo, hay personas que son religiosas y se reúnen para tener un círculo de lectura religiosa; otras se reúnen a pintar o a modelar, o a escuchar música; conozco buenos amigos que nos encontramos cuando hay conciertos y de ahí surgen las citas para comer o tomar café; además, ahora, con las redes sociales, Facebook y Twitter, cientos de personas han reencontrado a sus viejos amigos.
Por fortuna, mi querido viejo, en estos meses he conocido muchos grupos que se crearon para seguir disfrutando la vida; tienen reuniones, promueven actividades culturales o recreativas, se ayudan en asuntos de salud, algunos forman pequeños clubes, otros ya son organizaciones más formales, pero todos disfrutan eso que llamamos amistad.
Y seguramente tú viste que la leyenda al principio de esta columna no está completa, el proverbio dice: “Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quienes confiar y viejos autores para leer”. ¡Eso es vida!
Médico y escritor