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En el mundo occidental los riesgos de la energía atómica están en pleno debate.
El día de hoy se recuerda con tristeza el 66 aniversario de uno de los mayores genocidios de la historia: la masacre cometida por Estados Unidos en Hiroshima, con el lanzamiento de la primera bomba nuclear. El recuerdo de este año no podría ser más infame, al estar Japón en un nueva crisis de esta naturaleza, aunque con un origen muy distinto.
La desgracia de Fukushima ha puesto en alerta a los países que poseen este tipo de tecnología, también a la comunidad internacional, grupos ambientalistas y por supuesto ha cuestionado el trabajo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).
Si esto sucedió en una nación como Japón ¿algo similar podría pasar en Estados Unidos? Muchas de sus instalaciones estratégicas en la materia se encuentran en Arizona y Nuevo México, a pocos kilómetros de nuestro país...
Por otro lado ¿qué podrá estar sucediendo en las plantas nucleares de Corea del Norte? Completamente opacas en términos de seguridad y por supuesto a la respectiva rendición de cuentas internacional a la que deberían estar sujetas.
Este país, al igual que Pakistán y la India no son parte del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, aunque a diferencia de los norcoreanos, éstos sí pertenecen a la AIEA.
Otros dos casos disímbolos pero paradójicamente en la misma circunstancia son los de Israel e Irán (ambos también parte de la AIEA). Sobre Israel, las sospechas y rumores en cuanto a la existencia de armas de destrucción masiva son constantes y muchos analistas lo dan prácticamente por un hecho.
El caso de Irán ha sido un dolor de cabeza para el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Distintos actores se han ofrecido para transparentar y verificar las actividades que tienen en sus instalaciones nucleares, pero todos estos esfuerzos hasta ahora han fracasado. La opacidad y consecuente inseguridad también imperan en este caso.
En el mundo occidental los riesgos de la energía atómica están en pleno debate. Europa ya tuvo su propia tragedia en Chernobyl, Ucrania (aunque entonces era parte todavía de la extinta Unión Soviética).
Así, algunas naciones con acierto se han apresurado a renunciar a este tipo de energía, aunque lo implementarán de forma paulatina. No podría ser diferente, ya que se deben encontrar nuevas formas tecnológicas para generar y almacenar energía sustentable que dejen de drenar al planeta y garanticen mayores niveles de seguridad.
Éste es el caso de Alemania, que ha puesto el ejemplo y ahora trata de inducir al resto de Europa en el mismo sentido, en particular a los países con los que tiene lazos más fuertes (las naciones del Este). Estas acciones han generado en sus vecinos nucleares, Francia y el Reino Unido, presiones importantes tendientes a equilibrar sus posiciones. Con estas medidas el apoyo a los movimientos verdes y pacifistas europeos y en especial a los de estos dos países se han fortalecido; sin embargo, resulta evidente que se necesitará de mucho más para liberar a Europa definitivamente de esta tecnología y sobre todo de la presencia de armas de destrucción masiva.
Hoy en Japón, con la presencia de la comunidad internacional encabezada por el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, se recuerda el dolor y la tragedia de estos acontecimientos terribles. A diferencia de los desastres naturales, el origen de los mismos está en el ingenio del hombre, la fuerza y determinación para que algo así nunca más vuelva a suceder, también está en nuestras manos.
