Woody Allen para rato
Medianoche en París, una pequeña obra maestra del director neoyorquino.
Ya perdí la cuenta del número de veces que lectores y radioescuchas me han preguntado cuándo llega la nueva película de Woody Allen a México. Por fin, Medianoche en París (Midnight in Paris España-Francia 2011) se estrena en las carteleras nacionales en un circuito reducido dentro del área metropolitana de la Ciudad de México y ciudades cercanas, pero que, como sucede con estas películas, recorrerá más adelante salas de todo el país.
Allen, quien parece fortalecido con el paso del tiempo, sigue estrenando una película al año, como nos ha tenido acostumbrados, y con Medianoche en París y su proyecto anterior, Así pasa cuando sucede, todavía en las salas de cine, lleva ya dos semanas trabajando en Roma en su nuevo filme, Bop Decameron, en la que ahora sí participará, además, como actor, lo cual no hacía desde Amor y muerte-Scoop, en 2006, y que se estrenará para 2012.
Medianoche en París marca, además, un récord de recaudación de taquilla en Estados Unidos para una película del realizador neoyorquino, quien desde Vicky Cristina Barcelona no había tenido tan buena respuesta del público estadunidense. La nueva película de Allen, considerada por muchos críticos como una pequeña obra maestra, ha tenido ingresos superiores a los 41 millones de dólares en Estados Unidos. En la filmografía del autor, en este rubro, la seguirían Vicky Cristina Barcelona y Hannah y sus hermanas.
Después de viajar a Londres, Barcelona, Oviedo y tras su largo romance con Nueva York, su ciudad natal y que constituye otro personaje más en muchos de sus filmes, Woody Allen convierte la Ciudad Luz en el escenario de una comedia romántica acerca de Gil (Owen Wilson) e Inez (Rachel McAdams), quienes están comprometidos y viajan a París con los padres de ella, ricos, conservadores y republicanos. Gil es un guionista en crisis creativa; se enamora de la ciudad y quiere salir a conocer sus rincones, disfrutar de su ivntensa vida nocturna y de los círculos bohemios e intelectuales. Inez, en cambio, sólo piensa en frivolidades y el shopping.
Resignado, Gil sale solo a pasear una noche y, ante su asombro, se inicia una suerte de hechizo que lo lleva al pasado glorioso parisino, a los dorados y alegres años 20 en los que desfilan los personajes más célebres de la época: Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel, F. Scott Fitzgerald. La aventura estimula la creatividad de Gil, quien se lanza a escribir su primera novela. La magia de una etapa que no regresará revive en esta encantadora e inspiradora película de Allen, quien hace, además, un sensible homenaje a una cultura que ha abierto sus puertas a su cinematografía, ya que por un tiempo parecía que “no era profeta en su tierra”.
A sus 76 años demuestra, además, que puede reinventarse y que todavía tiene mucho que contar en torno al ser humano, sus carencias, defectos, debilidades, virtudes, poca habilidad para comunicarse y grandes dificultades en sus relaciones de todo tipo: padres e hijos, hermanos y, sobre todo, hombre y mujer. Todo aderezado, además, con un agudo, brillante e inteligente sentido del humor salpicado en los espléndidos parlamentos.
Medianoche en París es una historia sobre los sueños, la fantasía y la nostalgia, y, al mismo tiempo, es toda una declaración de amor del propio Allen por ese momento único de la cultura francesa, por el que todos los que se preciaran de ser figuras influyentes de la literatura y el arte tenían que pasar.
Es el tipo de cinta de la que uno sale diciendo “¡qué bueno que vine!” o “la voy a ver otra vez”. Llena de buen humor, elegancia, buenos chistes y un reparto bien logrado, con Owen Wilson en el papel protagónico, quien tiene un poco de ese Woody Allen que hemos visto cuando actúa en sus películas; la joven Rachel McAdams y su sonrisa espectacular como la niña rica y superficial; Marion Cotillard, medida y discreta, como la musa de los artistas de la época; Michael Sheen, como el típico turista que lo sabe todo y a todos corrige, y Carla Bruni, la señora de Sarkozy, quien de actriz no tiene nada.
No es pretenciosa y cuenta con una espléndida dirección de actores, que junto con los muy bien construidos personajes son la mejor materia prima de un realizador que siempre tiene algo que decir.
No se la pierda. 10/10.
