Cuando escucho un grupo tan talentoso e innovador como los Bam Bam, de Monterrey, me da rabia que la industria discográfica esté tan jodida como está. No quiero sonar retrógrada. Sé que los tiempos están cambiando y lamentarse es de ruquitos, pero un grupo como del que les hablo, en época de auge, podría haber tenido un buen presupuesto para grabar, hacer muchos videos, un tour support para dar la vuelta a la República y a otros países, o sea: un plan de marketing para darle la oportunidad a la gente de conocer su música.
Con lo de un mayor presupuesto para grabar no quiero decir que su segundo disco, Futura vía, no suene bien. Al contrario. El trabajo que hizo Martin Thulin es buenísimo, pero claro que si se tiene más dinero, se pueden hacer muchas más cosas en la misma línea de producción de Thulin: indie, ruidosa, sin concesiones radio friendly.
Lamento que la gente no pague ya por la música que escucha. Se dice que ese dinero era usado para que los directivos de las disqueras vivieran en un lujo descomunal. Que todo era glamur cuando había ventas de millones de cds, pero también ese dinero que se pagaba por un acetato, un casette o un cd, era usado para grabar talento nuevo y apostar por nuevas bandas. Servía para promocionarlas en radio y televisión. En una palabra: apoyo.
No descarto que el trabajo que está haciendo la gente de Arts & Crafts México sea valioso, pero una disquera como esta, en épocas de bonanza, hubiera podido alcanzar las estrellas.
Acabo de ver tocar en vivo a Bam Bam y siento que renace mi fe en el rock nacional. Su ejecución es, si no perfecta, sí de un muy buen nivel. Sus instrumentos no son los mejores ni los más caros, pero el sonido que le sacan es la demostración de ese dicho que decían las abuelitas: “el que es perico, donde quiera es verde”. En esta visita que hicieron a la Ciudad de México no pudo venir el tecladista que los acompaña. No sé la razón, pero tal vez tenga que ver con la situación económica de los grupos y talentos nuevos, que deben trabajar para subsistir.
Bam Bam es sicodelia pop. Para explicar su música, la gente se refiere a Zappa, a Sonic Youth y a los Beach Boys. De repente me dan ganas de meterlos a la misma bolsa de Animal Collective, pero no me atrevo. Luego pienso que me recuerdan a Grizzly Bear, pero debe ser porque dos de sus integrantes son muy flacos y uno de ellos trae un flequillo a la Brian Wilson, que muchos músicos de Brooklyn adoptaron de unos años para acá.
Celebro que se uniformen para salir a tocar. Un grupo de rock no sólo debe tener buenas canciones y tocar bien. La imagen y el discurso son importantísimos. Con imagen no sólo me refiero a cómo salgan vestidos al escenario, aunque también importa. Hablo de los gráficos que rodean a la banda, las portadas de sus discos y el merchandising. Todo esto en Bam Bam es diseñado por el vocalista, Mou. Al final de la tocada que vi, me regalaron una especie de fanzine, compañía perfecta para el disco Futura vía. Los dibujos recuerdan a Charles Burns pero a la mexicana (Black Hole meets el Libro Vaquero).
Ver en este fanzine a Philip K. Dick, aquel barbón en una esquina en la última página, fue una grata sorpresa. Gracias a eso, y a las variadas citas de autores de ciencia y ciencia ficción (Sagan, Asimov, Hawking), es que entiendo el discurso completo de Bam Bam.
Este disco, Futura vía, es una obra conceptual que trata del encuentro futuro de dos galaxias, Andrómeda y la nuestra, la Vía Láctea. Puede ser una metáfora del encuentro no de dos galaxias, inabarcables en nuestro entendimiento, sino del encuentro entre los seres humanos, que pensamos que somos simples, pero la comunicación, la mayoría de las veces, resulta complicada. Somos infinitos en nuestro limitante cuerpo.
Una frase me impactó del press kit que les pedí a Arts & Crafts México: la filosofía de Bam Bam (Mou, voz y guitarra; Leo, bajo y voz; Vanila, batería; René, guitarra) se puede resumir así: la lucha diaria entre lo que uno es y lo que el mundo quiere que seas.
Esto, para mí, es el rockanrol.
