De economía (y) política
Es lamentable que, por cuestiones políticas (electorales), se lleven las situaciones económicas al borde del abismo.
Los sucesos económicos internacionales de las últimas semanas cada vez más son evidencia del “natural” vínculo entre política y economía, del central papel que desempeñan los actores políticos en la toma de decisiones económicas y la importancia que consideraciones políticas (léase, electorales) tienen a la hora de decidir sobre el futuro económico de una nación o región.
La crisis de la eurozona mostró claramente cómo, cuando se trata de elegir entre el bienestar económico general y el poder político, muchas veces éste supera al primero, hasta que la situación llega a un estado de emergencia.
En Francia, por ejemplo, Nicolas Sarkozy criticó abiertamente la política alemana de mantener salarios y costos bajos para permitir que su economía fuera competitiva, argumentando que penalizaba al resto de los socios de la eurozona y evitaba su recuperación. La consecuencia de estas declaraciones fue un distanciamiento entre Francia y Alemania.
Cuando llegó la hora de negociar el segundo rescate de Grecia para evitar que declarara una moratoria en el pago de su deuda, Francia y Alemania se acercaron nuevamente para adoptar una posición común al respecto. Fue la reacción obvia y esperada ante las consecuencias económicas que la emergencia griega tendría para el resto de Europa. Sin embargo, hay que observar también las consecuencias políticas. El temor de un contagio griego y la incapacidad de los líderes europeos de resolver la situación impactaron en la popularidad de Sarkozy quien, una vez adoptado el paquete de rescate, se jactó de haber sido él quien dirigió toda la operación, sin duda esperando recuperar algunos puntos en su posición política.
El gobierno francés se niega a adoptar medidas de austeridad económica por temor a que surjan protestas públicas. La realidad es que, a menos de un año de que se celebren elecciones en Francia, la popularidad de Sarkozy, quien busca reelegirse, se encuentra en un nivel muy bajo. En una encuesta realizada por Ipsos para Le Point, 66% de los entrevistados dijo que no quería ver al presidente cumplir un segundo término al frente del gobierno.
Hoy se observa una situación parecida en Estados Unidos. El déficit público de ese país rebasó desde mayo el límite de endeudamiento aprobado por el Congreso y se llegó cerca de declarar la suspensión de pagos. Las negociaciones para elevar el techo de la deuda y adoptar medidas para reducir el déficit fueron arduas y reflejaron una vez más la importancia de consideraciones políticas.
Los republicanos trataron de capitalizar el debilitamiento político que la incapacidad de alcanzar un acuerdo rápido suponía para Obama, a un año de que se celebren elecciones presidenciales en las que buscará la reelección. Minar la confianza de la opinión pública en los demócratas, llevando la situación económica del país al borde del colapso, pareció ser la estrategia política de la oposición. Los demócratas también utilizaron la oportunidad mediática, acusando de intransigentes a los republicanos para reducir su popularidad.
Al momento de escribir se ha alcanzado un acuerdo sobre la deuda estadunidense, aunque falta que se apruebe en el Senado. Era poco probable que no se ampliara el techo de la deuda y que Estados Unidos declarara la suspensión de pagos, pero, ¿por qué llevar la situación al límite?
Es imposible separar la economía de la política, pero es lamentable que, por cuestiones políticas (electorales), se lleven las situaciones económicas al borde del abismo, provocando incertidumbre, especulaciones y temor en los mercados. Lo peor de todo es que este es el cuento de todos los días…
* Profesora de la Escuela de Relaciones Internacionales, Universidad Anáhuac México Norte
