You’ve lost that loving feeling
- La dedicatoria de ayer era para Obama; hoy es más extensa.
- Ya todo mundo tuvo tiempo para hacer cuentas. El resultado no es bueno.
Quienes leen esta columna en la versión de internet de Excélsior, no se enteraron que dediqué ayer al presidente Barack Obama, la canción You’ve lost that loving feeling; supongo que muchos la conocen y si no, la pueden escuchar en algunos de los lugares que la red proporciona para encontrar casi cualquier cosa. Y como ayer se pusieron las cosas, creo que la dedicatoria puede extenderse. Es decir, por cómo los mercados perciben la actuación de la economía global en lo general.
Lo anterior no es sorprendente. Por eso escribí que corriendo los riesgos que implica el decir lo que uno piensa, de algún tiempo atrás he sostenido que los mercados estaban en una tendencia primaria bajista. Unos entraron primero, otros después, pero como sabemos, la tendencia primaria manda y hay que adaptarse a las circunstancias y por eso no me fijo más que de lo necesario en los eventos puntuales para decidir la estrategia general de inversiones. Nuestro IPC bajó 2.6%. El S&P 500 hizo lo propio, bajó lo mismo y más temprano, el día de ayer en Europa y Asia las cosas mostraron las mismas características.
Mire usted, amigo lector, si en la institución financiera en donde opera su patrimonio le dijeron que los políticos estadunidenses iban a resolver el asunto del techo de endeudamiento de su país en tiempo y forma y que eso haría que los mercados cambiaran de humor y de rumbo, ahora tienen el problema de explicarle a por qué no ocurre lo que se suponía iba a ser. En el fondo, la razón de apostarle a un evento, es cosa de pensamiento mágico, más que de análisis. Los eventos y las fechas mágicas nos encantan a los humanos. Sobre todo si no se tiene la costumbre de hacer análisis.
Lo anterior aunque puede parecer divertido —muchos hasta lo consideran útil— termina siendo frustrante y más ahora que los acontecimientos suceden en todas partes del planeta. Pero si usted está sentado en un escritorio de una institución cuyo objetivo es operar el ahorro de terceros, entonces hará todo lo que esté en sus manos para evitar que usted se lleve su capital a otro lado. Hablar de la parte negativa del riesgo les es casi prohibido, pues se tiene la convicción —fundamentada en una percepción de la realidad, a mi juicio errónea— que a la gente hay que ofrecerle seguridad y no hablarle de riesgo. Eso es feo y poco conveniente. Pero existe. Es inevitable y si no se asume tal condición de la vida, pues uno la pasa mal o recorre el camino culpando a otros de lo que ocurre.
Y como escribí en la Consejería de ayer las bajas no me hacen gracia, pero ni modo. La reacción de los mercados y de hecho, desde el lunes, habla de un juicio negativo respecto del arreglo al que se llegó en EU respecto de su endeudamiento y de sus finanzas públicas en general. Es obvio que todo mundo ya hizo sus cuentas, aunque sea a mano alzada, y llegó a la conclusión que una reducción del gasto del gobierno de ese país, aunque sea necesaria, pone en riesgo cualquier intento de retomar la senda del crecimiento. Y la economía estadunidense parece estar sola, es decir llegó al límite de sus márgenes fiscales y monetarios, pues hasta el momento, la Fed no habla de instrumentar un QE 3 y ya conocemos la condición financiera del gobierno. Hay que agregar el tema europeo del que mucho he escrito y que desde luego, tiene aún cosas que decir.
Suelo decir que me arrepiento más de las cosas que no hice que de las que sí hice. En la faceta que me pone en contacto con usted, el equivalente es que me arrepiento de lo que no escribo que de lo que sí, más allá de lo que resulte o del gusto de quien lee o se vea —o se sienta— afectado por lo que hago. Pero así es la cosa. Por eso mi postura del mercado bajista. Prefiero encararlo y con eso, tratar de enmendar mis errores y sacar provecho de las oportunidades, que siempre hay, aunque en condiciones como la actual, uno siente más frío que lo habitual, cuando llega la hora de decidir. Cada quien elige la suya. Suerte.
