Por la reacción de los mercados la impresión que tengo es que la “perinola” cayó mostrando la cara de “todos ponen” o “todos pierden”, como escribí hace algunos días. El viernes pasado escribí lo que usted pudo leer ayer en este espacio y en donde admití que esperaba equivocarme en el sentido de mi percepción de un “no arreglo” en el tema del “techo de endeudamiento” de las finanzas en Estados Unidos.
Y sí, me equivoqué. Durante el fin de semana los políticos estadunidenses llegaron a un acuerdo de qué hacer en ese aspecto de su economía. El resto de mi columna de ayer la enfoqué a las dificultades que la economía global y en particular la de Estados Unidos y la de nuestra región podía enfrentar más allá de lo que hubiese sucedido en el asunto que nos mantuvo ocupados en los días de la semana anterior que, siendo muy importante se ocultó detrás de los dramas de Europa que como sabemos lograron encontrar una especie de solución.
Lo cierto es que la visión que escribí ayer —que suelo releer antes de escribir la del día siguiente— resultaba poco alentadora. Y sigo pensando lo mismo. Los acuerdos a los que se ha llegado tanto en Europa como en el país vecino del norte, no van en apoyo del crecimiento que al final, es lo que permite que una economía progrese y su sociedad experimente un aumento en su nivel de bienestar. Me encantaría que hubiese otra opción, pero creo que hasta ahora, no se ha inventado.
La mención que hice al empezar hoy respecto de la reacción de los mercados la apoyo en algo que aprendí desde hace mucho: sí, con frecuencia exageran y hasta puede que vean mal, pero no se equivocan. El alza inicial del día de ayer duró un rato, estuvo sabrosa, permitió hacer algunas cosas (particularmente vender y hacer utilidades para quienes decidimos que en medio de una situación aparentemente caótica se pueden encontrar algunas oportunidades), pero al final derivó en una baja, no brutal, pero baja al fin. Y es que el diagnóstico general no es alentador, para ese paciente que se llama “economía global”.
El resultado de las negociaciones entre demócratas y republicanos en Estados Unidos dejaron un saldo que obedece a lo que fue el planteamiento táctico de los republicanos: no sólo pretender que el resultado favorezca a ese frente político, sino que perjudique al opositor. Es decir: “no basta que yo gane, es necesario que sea evidente que tú pierdas”. Y aprovechar tal condición en la arena política que hoy tiene como extensión temporal un año. Si juzgo el final de la “guerra” por el resultado de esta “batalla”, creo que alcanzaron su objetivo, que por ningún motivo asegura la victoria final, que supondría que los republicanos ganaran la presidencia de Estados Unidos en las elecciones del año próximo.
Pero por lo pronto, la tendencia de los mercados es de baja, como mucho lo he escrito en este espacio y no me hace gracia, lo que va más allá de la operación cotidiana o de la estrategia que uno tenga que adoptar para lidiar con estos momentos, además que, sin dudarlo, independientemente de los resultados, las alzas son más divertidas que las bajas. El asunto es que los mercados sí reflejan la percepción de muchos, normalmente de la mayoría. Por eso es que suelo no irme con la finta de eventos puntuales, a riesgo no solamente del error momentáneo, sino de ser percibido como alguien pesimista. Y créame, por favor, amigo lector que no lo soy, entre otras cosas porque la vida no me ha tratado mal. Y lo de menos son los temas económicos. Los míos (incluido un servidor) están bien y hago lo que me gusta.
Así las cosas, pienso como usted sabe que no hay que ir en contra del flujo de la jugada. El dicho nuestro de “…si la vida te da limones, hay que hacer limonada (y disfrutarla)” me parece inteligente, como casi todo lo que viene de la sabiduría popular. Entonces, en tanto las cosas no den señales distintas a las que ahora tenemos, lo que me sigue pareciendo sensato es operar con velocidad, con montos relativamente pequeños y admitiendo el riesgo que ello supone. Es temporada de tomar riesgo. Suerte.
