Una flatulencia huérfana

Los problemas en México tienen en común que son huérfanos; nadie los asume como suyos, ni quieren cargar con la paternidad.

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

Esta semana, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval) difundió que el número de pobres en México aumentó en 3.8 millones entre 2008 y 2010. Veracruz, Estado de México y Jalisco fueron los Estados en donde la pobreza extrema creció más significativamente.

El tema de la pobreza en México es tratado igual que esa flatulencia incómoda gestada en lo más profundo del intestino y expelida por ese orificio que remata el conducto digestivo. Cuando se hace evidente y no se puede ocultar debido a su contundencia, inmediatamente, los involucrados se voltean a ver los unos a otros con mirada acusadora del tipo “¿cómo pudiste?”.

Los peditos y los problemas en México tienen en común que son huérfanos; nadie los asume como suyos, ni quieren cargar con la paternidad. Por eso, cuando nadie reconoce su responsabilidad, sigue la fase de culparse los unos a los otros: “tú te lo echaste”, “no es cierto, fuiste tú, tú te los echas bien fuertes”; “en el gobierno de Felipe Calderón se han generado cinco pobres por minuto”, “¿sí?, pues en el de Ernesto Zedillo había 70 millones de pobres”.

Las ventosidades, aun cuando sean voluntarias, cuando se hacen públicas siempre son inoportunas; nunca tienen un momento ideal para presentarse. Igualmente pasa cuando se dan a conocer las cifras de pobreza, de muertos, de corrupción, de retraso educativo o de productividad; nunca son bien recibidas porque, como la tradición de la política mexicana establece, siempre son utilizadas como arma política contra el contrincante, situación que se acentúa con la cercanía de un año electoral.

Muy frecuentemente y como parte de una táctica perfectamente pensada, los gases son sincronizados con un ruido del exterior, como el paso de un tren o la campana de una iglesia, o son disfrazados con una tos o un estornudo. Exactamente lo mismo pasa con los problemas sociales: se pretende distraer la atención hacia otros temas más trascendentes como un partido de México de futbol; si Quico le rayó su cuaderno al Chavo del ocho o si no hay Reina de Belleza.

Pero a veces la distracción no es suficiente y finalmente se encuentra al responsable. Entonces éste acude a la máxima de “errar es de humanos”, pero poner la culpa en el otro es estratégico y comienza a buscar a un responsable externo. En el caso de las flatulencias, siempre está el “es que me cayó pesada la comida”, “es que estoy tomando un medicamento que me genera aire en el estómago”, “es que la leche no era deslactosada”, “es que cené mucho”. Con las cifras de la pobreza igualmente hubo una explicación. El Presidente señaló que todo se debió a la crisis internacional que no estuvo en sus manos manejar.

En esta última etapa es donde La Inmaculada y sus expertos asesores decidieron hacer su aportación, elaborando un Manual con nuevas y viejas explicaciones para tratar de justificar los problemas sociales en México. La trascendencia de este documento histórico es que, además, puede adaptarse para el caso de que una persona pretenda explicar un flato fugitivo.

Siempre se podrá echar la culpa a su antecesor, a su vecino (si es una potencia mundial, aun mejor) o a factores externos que estuvieron fuera de su control (como una mala comida en algún restaurante). En cualquier escenario, ya sea para tratar de justificar algún rezago o un gas; se puede echar perfectamente la culpa a los legisladores, ya que son capaces de cualquier cosa.

Convoque a un debate o pida a un especialista (economista o experto en flatulencias) que diseccione perfectamente el problema (o el gas) y determine quién tiene la razón o quién es el responsable. El objetivo es ganar tiempo para que el hedor disminuya o simplemente acabe su administración.

El último consejo puede ser el más atrevido y debe ser utilizado sólo en caso de emergencia: culpe a los extraterrestres. Cuando se terminen los países (o las personas) a quienes culpar por los problemas (o ventosidades) que suceden, échele la culpa a los alienígenas. Nadie le va a creer, pero va a generar tal debate que el origen del problema será lo de menos.

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