Durante la elección presidencial de 1988, uno de los fenómenos que hicieron posible el llamado “milagro” de Cárdenas, fue el incipiente ejercicio ciudadano que luego fue bautizado como “el voto útil”.
En ese año los opositores al PRI eran, Cuahutémoc Cárdenas, candidato del conjunto de las izquierdas y Manuel J. Clouthier, el candidato de buena parte de la derecha. En los dos casos, la bandera de los aspirantes de la derecha y la izquierda era, nada menos, que “echar al PRI del poder”.
Todos conocen el desenlace de esa elección; una escandaloso acusación de fraude que sirvió para que el PAN legitimara, en los hechos, al gobierno de Carlos Salinas.
Pero más allá del resultado, en la elección presidencial de 1988 nació el “voto útil”, cuya importancia resultó capital 12 años después, en las elecciones presidenciales del año 2000, en donde el candidato presidencial puntero se llamaba Vicente Fox; un político aprendiz, campirano, dicharachero, lenguaraz y chabacano —avecindado en Guanajuato—, que cautivó lo mismo al votante ilustrado que al elector callejero.
Como seguramente algunos recuerdan, el lema de Fox era justamente echar al PRI del poder; “sacar al buey de la barranca”, y fue tal el amor que despertó el guanajuatense entre amplios sectores sociales que “hay de aquel que se atreviera a cuestionar a Fox”, porque “la siempre sabia opinión pública” quemaba en leña verde a los herejes que se atrevieran a tocar con el pétalo de una crítica a su nueva estrella. En este espacio fuimos crucificados por decir que Fox era “un bulto” engañabobos.
Sin embargo, y gracias al “voto útil”, Fox hizo historia al echar al PRI del poder, en julio del año 2000. ¿Pero qué es el voto útil?.
Una causa superior.
El fenómeno del “voto útil” es una suerte de acuerdo social a favor de una “causa superior”, que se traduce en la convicción de un sector de votantes que, más allá de la pertenencia a tal o cual partido, suman sus votos a favor de aquel candidato capaz de alcanzar la “causa superior”. En 1988 y en el año 2000, la “causa superior” era “echar al PRI del poder”, y como ya se dijo, los candidatos fueron, en esos años, los señores Cárdenas, Clouthier y Fox.
Hoy, y en especial en la elección presidencial de 2012, la “causa superior” para la izquierda y la derecha parece ser, “impedir que el PRI regrese” al poder presidencial. Por eso, y según un sector importante de electores, el único candidato capaz de aglutinar el voto útil contra el PRI —y que pudiera ganarle al mexiquense—, es nada menos que Marcelo Ebrard Casaubón, candidato presidencial del PRD y actual jefe de gobierno del DF.
¿Por qué razón el señor Ebrard es el líder ideal para jalar el voto útil?.
La respuesta está a la vista de todos. Primero debemos entender la debacle que vive Andrés Manuel López Obrador. Como acertadamente lo dijo Jaime Sánchez Susarrey —ayer sábado en su colaboración periodística de Reforma—, si AMLO hubiera reconocido su derrota en julio de 2006, y si hubiese encabezado una oposición leal, hoy sería el único candidato capaz de ganarle a Enrique Peña Nieto, si no es que estaría más arriba que el mexiquense.
Pero la realidad es terca y muy distinta.
En efecto, hoy AMLO es el más popular entre las llamadas izquierdas, pero también es cierto que entre la población en general es el que menos votos no partidistas tiene. Es decir, que en población abierta, AMLO gana más rechazo —en proporción de cuatro votos en contra por uno a favor—, que simpatías.
En otras palabras, que pocos ciudadanos votarían por AMLO, a pesar de que pudiera ser el único capaz de ganarle a Enrique Peña Nieto.
En cambio, Marcelo Ebrard es bien visto por sectores priistas que no quieren a Enrique Peña Nieto; es bien aceptado por izquierdistas en general y por aquellos que pudieran entender que AMLO nunca ganará en julio de 2012; Marcelo Ebrard es bien recibido por panistas desilusionados y, sobre todo, que para amplios sectores sociales que no tienen clara una preferencia partidista —pero que aún recuerdan la pesadilla de las siete décadas del PRI—, el jefe de gobierno del DF parece ser el único candidato con posibilidades para vencer a Enrique Peña Nieto.
Voto por un proyecto y un hombre.
Y es que si bien Marcelo Ebrard es uno de los más acabados productos del salinismo —por la vía del salinista Manuel Camacho, quien en realidad es su padre político—, lo cierto es que el jefe de gobierno ha sabido moverse en el centro de la geometría político electoral, al grado que encabezó un fallido partido de Centro Democrático, antes de aliarse a López Obrador.
Es decir, Marcelo es visto por sectores amplios como un político de centro izquierda, moderado, alejado de los radicales y delirantes como AMLO, pero también equidistante del PRI de Peña Nieto y del PAN de Felipe Calderón.
En otras palabras, que en la candidatura presidencial de Marcelo Ebrard podrían caber lo mismo los derechistas, que los priistas, izquierdistas y los ciudadanos sin partido.
Y claro, podrían darle utilidad a su voto, todos aquellos que no digieren a Enrique Peña Nieto, todos los que nunca votarían por AMLO, los que nunca votarían por el PRI y por el PAN y, por todos los que saben lo que podría significar el regreso del PRI. Esa es la virtud de la convocatoria que hoy harán desde el WTC un puñado de ciudadanos —militantes y no militantes, con o sin partido, pero que quieren darle utilidad a si voto—, que llamarán a organizar a la sociedad civil y a los militantes de izquierda, en torno a un proyecto que va más allá de un partido y de una ideología.
Hoy nacerá una suerte de “Los Amigos de Marcelo”, una organización social no partidista, en la que podrán participar militantes y dirigentes de partidos, junto con ciudadanos sin partido, quienes empujarán como candidato presidencial a Marcelo Ebrard y apoyarán un proyecto de gobierno con énfasis en la democracia social.
Así, Marcelo Ebrard se podría convertir en el primer candidato presidencial empujado más que por un partido, por sectores sociales de todos los estratos, las ramas y los estatus. Al tiempo.
Calderon a Michoacán.
Sólo será de trámite la elección del candidato del PAN al gobierno de Michoacán. ¿La razón?, que la hermana del presidente, Luisa María Calderón, tiene una mayoría arrolladora entre los simpatizantes del partido azul. Por eso, sin problema, se convertirá en abanderada oficial con todas las de la ley, sobre todo, debido a su trayectoria.
En el camino.
El de Sicilia a Manlio, dicen los mal pensados, es el otro “beso del diablo”. ¿Será?
