De esas cosas mexicanas
Me han pasado varias cosas en estos días y me siento en la obligación de decírselas.
No sé qué pasa acá en México, pero el servicio al cliente, en muchas ocasiones (casi todas), es una mentada de madre. Pareciera que uno les está haciendo el favor de adquirir cierto servicio, como si fuera gratis y entonces por eso hay que aguantar sus fregaderas. Me han pasado varias cosas en estos días y me siento en la obligación moral de decírselas, queridos lectores, a manera de chisme, mientras me tomo un delicioso café de olla del Cielito Lindo Café, que les recomiendo ampliamente, ¡hay que apoyar lo mexicano, señores!, aunque a veces lo mexicano nos saque canas verdes. Les cuento: decidí contratar TotalPlay, una empresa que aparentemente le anda rompiendo su mandarina en gajos a los que tenían casi el monopolio de la televisión por cable. Ahí voy bien confiadota a cancelar mi contrato con Cablevisión, marco el teléfono y me contesta la bendita máquina esa en la que hay que equivocarse unas cincuenta veces antes de dar con la extensión “adecuada”. Dice la máquina: “por favor, digite su número de contrato”, y entonces te contesta un operador que, utilizando la lógica, debería tener ya en su computadora los datos de quien llama; si no, entonces, ¿para qué @#$%^&* te pide la máquina tu número? Bueno, habla el operador Menganito. ¿Con quién tengo el gusto? Con Anna Bolena Meléndez. Operador: Me da su número de contrato. Whaaaat! ¡Pero si lo acabo de dar! Operador: ¿Usted es la titular? Si tiene mi nombre y mi número de contrato, ¡¿no es para que esa deducción la sacara usted mismo?! Operador: ¿En qué le puedo ayudar? YO: Necesito cancelar mi contrato. Operador: Le comunico al área de servicio a cliente. Media hora después te contestan y te vuelven a preguntar todos los datos... si tienes suerte, das con el lugar adecuado; si no, te vuelven a enlazar después de otra media hora con el monito equivocado. Por fin me contesta Fulanito y me pregunta por qué quiero cancelar mi contrato, ¡por mal servicio, porque me he quedado sin internet mil veces, porque mi teléfono es una porquería y el servicio es caro y deficiente.
Llamo a TotalPlay y pregunto el procedimiento. Operador: No se preocupe, en siete días máximo, después del primer pago, tiene instalado su internet, tv y teléfono. ¡Perfecto! Pensé. Yo: ¿Pero seguro me conectan en siete días? No puedo vivir sin internet. Operador: ¡Claro!
Ahí voy yo a la sucursal de Cablevisión con todos los aparatos y cancelo mi contrato, hago el pago y llamo a TotalPlay para que me den fecha de instalación. Operador: En 19 días le conectamos. ¡Quééé! Pero si su vendedor me dijo que... Operador: Ah sí, pero eso era en ese momento. En mi encabrone total les mencioné que leyeran mi columna al otro día, pues les esperaba una sorpresa... ¡eso sí, nada más uno menciona que es columnista y aparece un gerente dispuesto a solucionar todo por ti. El caso es que me agendaron una cita para el lunes siguiente entre 9:00 y 14:00 horas. Era lunes a las 13:00 y no llegaban; llamé para reconfirmar y cuando llamo me dicen que estaba programada mi visita... pero en 19 días. Les dije hasta por dónde les salía el sol. Al escuchar mi amenaza ya manida apareció otro gerente dispuesto a solucionarlo. En la tarde llegarían a conectarme. Por ahí de las 17:00 horas llegaron y empezaron su labor conectativa de internet y teléfono; cuando les iba a enseñar dónde sería la conexión de la TV me salieron con que yo no había contratado la TV. Otro zafarrancho y se fueron sin conectármela. Al otro día llamé y me dijeron que sí la había contratado y que esperara al técnico. Confieso que es completamente traumático para el hígado intentar tener un buen servicio porque, como todo... por este tipo de cosas no prosperamos.
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