Una propuesta arcoíris

Tanto el PRI como el PRD jugarán a la polarización política como estrategia.

El debate sobre una autorización que pudiera votar el Congreso de la Unión para permitir la elevación del techo de endeudamiento al gobierno federal en Estados Unidos se está convirtiendo en un dilema de alcances globales. La posibilidad de que ese país le demostrara al mundo su incapacidad por pagar sus compromisos contraídos con acreedores en todo el mundo, empezando por la República Popular de China, va a acarrear consecuencias torrenciales para la estabilidad económica del mundo. Los mercados bursátiles sufrirán corridas, al igual que los bancos, mientras que las cadenas productivas primarias, secundarias y terciarias tendrán grandes distorsiones y descalabros. Los republicanos han radicalizado sus posturas, seguros de que ello contribuirá a la caída de Obama. No ven más allá de sus intereses electorales del corto plazo. Obviamente no ven al país, aunque digan que defienden una “visión del país” distinta a la de su Presidente.  Dicen “no” a todas las soluciones propuestas por la Casa Blanca y se niegan a votar favorablemente una salida al tema del endeudamiento.

En Venezuela el presidente Chávez se va del país para curarse de su cáncer físico y deja que la crisis económica sea atendida por “expertos” que han cavado los hoyos estructurales que han hecho irresoluble la distribución inequitativa del ingreso y la caída de los indicadores económicos. Huye a Cuba, como si pensara que en esa nación se practicaran milagros. Y, en su propio país, polariza las condiciones políticas al negársele a la oposición el derecho a aprobar lo que sea. Venezuela se ha convertido en el imperio del “no”. 

El PRI acaba de iniciar el procedimiento para la renovación de su Consejo Nacional, con un pronunciamiento inequívoco: rechaza todas las opciones para realizar un periodo extraordinario del Congreso de la Unión para aprobar reformas a las leyes sobre seguridad nacional, laboral o electoral. Nada de eso pasará, pues, en la lógica priista, cualquier “logro” en el Congreso se verá como una victoria política del presidente Calderón. Así que la estrategia del priismo moderno y renovado es decirle “no” a las reformas. Al igual que los republicanos en Washington y Chávez en Venezuela.

Tanto el PRI como el PRD jugarán a la polarización política como estrategia. En varios países dicha divisa ha demostrado su eficacia y poderío a la hora de ir a las urnas. En contraste con ello, y sin dejar de hacer un pleno reconocimiento al éxito que ha tenido ese planteamiento en otras latitudes, el PAN está obligado, en el caso mexicano, a colocarse en el absoluto centro político del espectro nacional.

Es cierto que el empiriocriticismo surte su efecto: hablar de la situación económica cuando los datos inmediatos son desalentadores, tanto a nivel interno como global, o de la situación de la seguridad nacional y pública cuando, igualmente, los datos son dolorosos en materia de vidas humanas, es ciertamente una tarea difícil. Pero es necesario crear el discurso del gobierno responsable que, a pesar de las dificultades, es capaz de encarar los retos que le pone el mundo moderno, y que no se intimida por los retos, a pesar del discurso facilista de otros.

La elección de 2012 se va a decidir en torno a la propuesta más razonable y centrista, la que es capaz de evocar los intereses y las necesidades de una importante parte de la población.  Es necesario elaborar y construir el discurso de ese “nuevo centro” ideológico. Una propuesta arcoíris que atienda el interés de la mayoría de los ciudadanos. 

        *Especialista en análisis político

            ricardopascoe@hotmail.com

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