El búho no ha muerto Tanta oscuridad
América Latinaes nuestro gran enigma. Gobiernosde mirada corta, llevados en su mayoría por gente ineducada.
Si las próximas generaciones no ven desde ahora el camino de solución a futuros problemas, el mundo todo resultará inhabitable. Tomemos en cuenta la catarata de cambios estructurales que estamos experimentando en el presente, para entender que caminamos hacia condiciones sociales que resultarán inmanejables. La sobrepoblación que provoca estratos inútiles de grandes sectores de la sociedad. El desequilibrio brutal de la riqueza del mundo. Confieso haber desestimado la trascendencia del “cambio climático” que hoy se ubica como uno de los factores más importantes de un inminente trastorno global. El tramo final de la era del petróleo, que alterará el modelo económico vigente provocando reacomodos planetarios. La deforestación que silenciosamente arrebata espacio a los pulmones de la Tierra, así como a los esquemas de la biodiversidad. El modelo de confrontación que ha venido creciendo en la sociedad moderna. Rencores, odios y agravios con la bandera de la fe en sus diferentes formas. Inoperancia de estructuras que funcionaron por siglos y caducan en cadena. La misma idea de una vida futura o la “venta” de un paraíso después de la muerte, a cambio de la docilidad presente, no es algo que se “compre” fácilmente por las nuevas generaciones. Son condiciones del crecimiento de un estado de conciencia masivo que propone una necesaria reacción violenta. Todo nos lleva a la toma de conciencia por una urgente planeación estratégica global, que haga viable la convivencia futura.
La propia Organización de las Naciones Unidas, creada después de la última hecatombe humanamente provocada, ha pasado de ser una herramienta de carácter preventivo de los conflictos humanos, a un ente correctivo de alcances limitados.
Si bien existe una tendencia a crear gobiernos corporativos que ataquen problemáticas comunitarias —como la Unión Europea— el derrotero de estas estructuras, no se está viendo exitoso, luego de los fracasos de Grecia, Irlanda, Portugal y España. Después será Italia... y la lista se irá engrosando.
El modelo americano no resulta mejor. La política de consumo ha llevado a su economía a un nivel ficticio, en el que se construye riqueza de un mundo virtual, transformada en deuda real. Con el enorme fantasma de la concentración de recursos, como marco de un proceder insostenible.
Asia mantiene la punta de la problemática futura. Japón es el país más endeudado de la Tierra y China, una bomba de tiempo enmascarada en lo que a todos nos sorprende. Crece a 10% de PIB anual y al infinito en su problema social. Si bien 300 millones de chinos transitan hacia mejores niveles de vida, hay mil 100 millones que no conocen siquiera los mínimos de bienestar. Este país será en 50 años, la nueva superpotencia y el principal dolor de cabeza, acompañado por la India que sufre los mismos síntomas.
América Latina es nuestro gran enigma. Gobiernos de mirada corta, llevados en su mayoría por gente ineducada. Improvisación de soluciones a grandes retos de una impostergable planeación, que no se toma en serio. Oferta de paraísos, no sólo inexistentes, sino que inalcanzables, que conducen a la frustración. Esquemas de corrupción que hacen cada día más inoperante nuestra exigua competitividad. Un fracaso escandaloso de métodos educativos, de salud, programas sociales —paliativos de una masiva inoperancia traducida en subsidios—. Así como una honda separación del círculo político de los estratos sociales, con la salvedad del necesario contubernio con los ricos. Fuerzan a parte de sociedad al envilecimiento y a otra, derecho a la victimización.
Del lado luminoso, está la tendencia hacia las democracias. Sedientas de mejor ciudadanía... y tiempo. Tiempo que debe ser aprovechado hoy, cuando los retos humanos aún son manejables. Hoy que todavía hay salidas de luz, ante tanta oscuridad.
