Es lo que queda cuando se despluma a un gallo.
Una encuesta con 812 participantes, la mitad militantes y la otra adherentes del PAN, llevó al secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón (@JlozanoA) a desistir de un ensueño.
Despertó. Ya no pretende la candidatura presidencial. Declina tras conocer su insuficiente posicionamiento en relación con los más aventajados: Santiago Creel, Josefina Vázquez Mota y Ernesto Cordero.
Los demás creen que pintan. ¿Será porque no hacen encuestas? Alonso Lujambio, Heriberto Félix y Emilio González Márquez se agachan y se van de lado, trastabillean, pero “oficialmente” ahí la llevan. Nobleza obliga con el secretario del Trabajo. Es de reconocerse el gesto político de quien deja en libertad a otros en eso de saltar a un precipicio.
La constante profesional, de Javier Lozano, viéndolo bien, es la abogacía, especialmente en áreas financieras de Hacienda y el Banco de México. Allí obtuvo su primer empleo en la burocracia.
Pero aparte del servicio público, la música ha sido un rumbo importante en su vida. Es uno de los timbres menos conocidos en su personalidad intensa, inteligente, y agitada. Después de la secundaria en el Instituto Alejandría, de Puebla, vino la Prepa. Y entre ésta y la Escuela Libre de Derecho, a Lozano se le apareció un pentagrama.
Las cinco paralelas infinitas lo llevaron primero al Conservatorio Nacional de Música y de ahí a Estados Unidos. Javier estaba decidido a ser pianista profesional. “Mi maestra me hizo saber que tenía aptitudes, pero no las suficientes para ser un competitivo en el entorno mundial, y que lo pensara dos veces”. Considera aquel momento como un oportuno golpe. Le dolió. Sin embargo, quienes lo han escuchado tocar reconocen en él a un formidable ejecutante, con sólida técnica y amplia cultura musical.
Este poblano de casi 50 años, ex priista, hoy secretario del Trabajo en la orquesta del presidente Calderón, también ha tenido sus desafinadas.
Entre sus peores momentos queda su presunta intervención en la sinfonía escandalosa “Coopelas o Cuello”, del misterioso autor chino Zhenli Ye Gon. La pieza sigue sin coda (final) para efectos del total esclarecimiento del caso ante la opinión pública.
Está pendiente también la continuación de la enredada “Sinfonía Inconclusa para Línea Aérea Nacional”. La crítica espera un Final Maestoso (majestuoso), que justifique los tropiezos e interrupciones de ese largo y tristísimo concierto, sin un solo compás allegro vivace.
En fin. Si la armonía musical no fue un camino hacia el máximo encumbramiento político de Javier Lozano, tampoco lo será la Secretaría del Trabajo. Lo suyo fue un momento de inspiración, inducido quizá por su amigo más poderoso, sabedor del afán protagónico de todo buen solista. Pero nada más.
Javier, te regalo una frase del maistro Jacobo Zabludovsky: “Lo mejor es lo que pasa”. Algo muy bueno vendrá para ti. Aún tienes mucho por hacer y deshacer.
¿Qué tal integrarte a la Orquesta Sinfónica del Estado de Puebla desde un escaño en el Senado?
MONJE LOCO. “No creo que Santiago me llame para que coordine su campaña, pero puede que sea así, y si ese es el caso, con mucho gusto lo atiendo”, declara Javier Alarcón. ¿Ernesto Cordero querrá también su caldito de pollo? Nadie sabe, nadie supo.
Twitter: @JoseCardenas1
