Clase política y distancia social
Pienso hoy en democracias y dictaduras, cercanas ya las elecciones para Presidente.
Hay de políticos a políticos, de las democracias a las dictaduras. Hay de la generosidad de Gandhi a los asesinatos de Hitler, Mussolini y Franco. Pienso hoy en democracias y dictaduras, cercanas ya las elecciones para Presidente de la República en 2012.
Se ha llamado distancia social a la que separa la posición de personas de clases sociales diferentes, entre pobres y ricos, y entre grupos étnicos o religiosos.
Se habla también de distancia social entre naciones. Distancia que está presente en todas las poblaciones y en todas las épocas y encuentra su expresión en innumerables normas, costumbres, reglas de urbanidad. En el mundo la historia de los países es rica en distancia social entre nobles y burgueses, cultos e ignorantes. Los estudiosos han analizado cuatro dimensiones de la distancia social: la normativa, prescrita por las normas, la interactiva, que se manifiesta en la relación de dos o más personas, la cultural y la personal o subjetiva que es el grado de comprensión o simpatía entre dos personas de diferente posición.
En la llamada clase media se sitúan las personas que están entre la clase dominante y la clase obrera. En un principio se consideró a esta clase media como clase de servicio a la clase dominante, pero a la fecha en el mundo las clases medias se extienden y consolidan, los poderes delegados se hacen autónomos y sus funciones se hacen indispensables. Es posible que una fracción de la clase media se haya proletarizado, pero generalmente su paso a la clase obrera queda compensado por la formación de nuevos estratos de burócratas y técnicos fundados en nuevas exigencias administrativas. Ahora en la clase media, desde el punto de vista de menores ingresos, quedan no solamente lo empleados sino también los intelectuales, los funcionarios de las administraciones públicas, los profesionistas y también los comerciantes. Los campesinos no, porque hasta la fecha en México y en otros países no han obtenido la autogestión.
Aquí como en otras naciones las burocracias son cada vez más exigentes y poderosas, lo cual ha dado paso a una más alta demanda de burócratas. Así se han dado puestos a miles de personas, con una escolaridad no precisamente elevada y con cultura deficiente pero afán de mando para desquitar su pobreza, que tienen puestos en la burocracia.
Hay además lo que algunos sociólogos llaman “clase de servicios”, que organiza globalmente a la sociedad para dar servicios administrativos, técnicos, educativos, médicos, jurídicos, sin contribuir directamente a la producción o transformación de los recursos sociales fundamentales. Dicha clase incluye a empleados de alto nivel y dirigentes cercanos a empresarios capitalistas. Ninguno de ellos es capitalista ni obrero ni propietario del conjunto del capital; no crean valores con su trabajo, pero controlan los valores producidos por otros.
De tal manera la llamada “clase de servicios” asume las características de los funcionarios públicos y, además, incluye a quienes proporcionan servicios profesionales, ya sean abogados, notarios, administradores, financieros y gestores fiscales, entre otros que regulan la comunicación y la interdependencia entre diferentes clases sociales y el Estado. Esto se ha calificado de necesario en las sociedades industriales avanzadas, donde la intervención del Estado requiere una gran actividad de interpretación, mediación, aplicación de normas jurídicas que el ciudadano común, absorto en su propio trabajo, no puede desarrollar por falta de conocimientos y entrenamiento para hacer los trámites por sí mismo.
¿Y la clase política? Muchos de sus integrantes vivieron la distancia social que da la pobreza. Otros fueron ricos y lo siguen siendo. Aquello de “nosotros los pobres y ustedes los ricos”. Ahora, pobres y ricos a trabajar para bien del país.
En cuanto a los candidatos a la Presidencia en 2012, heredar (léase dirigir) este país, a la fecha con tantos problemas, no es cualquier cosa. El ciudadano duda acerca de votar por éste o aquél y algunos deciden no votar, lo cual no precisamente es lo mejor. Mi opinión es que en vez de basarnos en lo que este aspirante a candidato dijo y el otro contestó, o si éste o aquél “se destapó”, importa la trayectoria del candidato: qué hizo y qué no hizo en bien de su partido, siguió perteneciendo a ese partido o ante la marejada de posibilidades de un poder mayor cambió de camiseta. No faltan cambios a cada rato. La ciudadanía no se hace bolas, pero se siente defraudada. El candidato, sea de un partido o de otro, tendrá que decir qué quiere hacer y comprometerse a lograrlo. Si eso no queda claro, las elucubraciones salen sobrando.
Importa recordar que la alternancia entre gobierno y oposición es democracia.
