Sobre Elba Esther y el cinismo

El reto es, ni másni menos, hacer valer la ley: poner límites a un poder que desafía a las instituciones...

Elba Esther Gordillo se ha colocado en el centro de la ruta electoral hacia 2012, como lo estuvo en 2000 y, con mayor fuerza, en 2006. Entre priistas, panistas y algunos perredistas su figura desata deseos y ambiciones febriles que, por lo visto, borran cualquier escrúpulo ético. Su enorme poder, alimentado con recursos públicos, sostenido en unas bases sindicales sometidas a sus designios, capaces de respaldar o amenazar a cualquier gobierno, seduce incluso a quienes antes de sucumbir a sus encantos parecían tener principios. Poco les importa cargar con la desvergüenza de lo que ha sido revelado en estos días. Y tampoco les importa, queda claro, convertirse en rehenes de un poder mafioso si con ello logran una candidatura o suman unos puntos en la siguiente elección, aunque al hacerlo vuelvan a sacrificar la calidad de la educación pública y las exigencias de legalidad, transparencia y rendición de cuentas, imprescindibles para la vida democrática.

Lo que nos han dicho no es cualquier cosa. La señora Gordillo reconoció haber manipulado los votos del magisterio a favor de Felipe Calderón a cambio de la concesión (una forma de privatización con fines de lucro) de instituciones públicas para su beneficio. Jorge Castañeda confesó el intento de “golpe de Estado” pactado a finales de 2005 con Elba Esther Gordillo e Ignacio Irys en mi contra (entonces presidente del Alternativa, más tarde Partido Socialdemócrata) para colocarlo como candidato presidencial en lugar de Patricia Mercado. Miguel Ángel Yunes hizo del conocimiento público las exigencias de Gordillo para desviar recursos de las menguadas finanzas del ISSSTE (recursos destinados a brindar seguridad social a personas vulnerables) al Panal, su nuevo negocio familiar, lo que no es otra cosa que la denuncia de actos delictivos.

Lo más grave es que nada de esto tiene consecuencias, nadie está dispuesto a hacer nada, porque pocos quieren perder la gracia de La Maestra y menos confrontarla. ¿Qué significado tienen para los promotores de los pactos con Elba Esther Gordillo todos los esfuerzos de los últimos 20 años para transitar a un sistema democrático? Está claro que ninguno. Algunas voces en los partidos han llamado la atención sobre los riesgos e implicaciones de pactar con ella. Qué bueno que lo hagan si la legalidad es su motivación. Estoy convencido, como decía en mi colaboración anterior, que la solución no está en los ajustes de cuentas. El reto es, ni más ni menos, hacer valer la ley: poner límites a un poder que, descaradamente, desafía a las instituciones democráticas. Por ello, para empezar, debemos evitar que el cinismo adquiera carta de naturalización en una democracia tan frágil, terriblemente distorsionada con prácticas como las reveladas, que requiere con urgencia sustancia ética.           

        * Socio consultor de Consultiva

            abegne.guerra@gmail.com

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