Siria: tres posibles escenarios
La represión ejercida por las fuerzas de seguridad de Assad se ha combinado con tácticas para desmovilizar a las masas.

Esther Shabot
Catalejo
Desde hace casi cuatro meses, cada día las noticias provenientes de Siria informan acerca de decenas de personas muertas y cientos de heridos y detenidos por las fuerzas gubernamentales en su confrontación contra multitud de civiles que exigen a Bashar Assad abandonar el poder. El viernes pasado no fue la excepción pues tan sólo en Damasco se reportaron 32 víctimas mortales, prueba clara de que las reformas ofrecidas por el régimen no han sido serias ni poseen ninguna credibilidad a ojos del pueblo que se mantiene firme en sus protestas pacíficas contra la tiranía que ha sufrido durante más de tres décadas.
La inclemente represión ejercida por las fuerzas de seguridad de Assad se ha combinado con tácticas adicionales para desmovilizar a las masas. Una de ellas ha consistido en tratar de desviar la atención y la ira populares hacia otros puntos, tal como ocurrió cuando incitó y fletó transportes para que refugiados palestinos de su territorio se dirigieran a la frontera con Israel a fin de traspasarla durante la conmemoración de la naqba y de la naqsa. El objetivo fue crear un estallido de violencia con los israelíes capaz de canalizar la irritación popular hacia el conflicto con Israel, aliviando así la presión sobre el régimen sirio. Sin embargo, la estratagema no prosperó y las manifestaciones continuaron sin caer en la trampa.
Otro intento similar fue el que se armó alrededor de la visita que recientemente hicieron a la ciudad de Hama los embajadores de Estados Unidos y Francia. Hama es una ciudad especialmente rebelde en la actualidad, además de poseer un historial trágico por haber sido la sede de un movimiento de protesta islamista en 1982, movimiento que fue aplastado por Hafez Assad mediante bombardeos aéreos y ataques terrestres con un saldo calculado entonces entre 10 y 15 mil muertos.
La visita de los mencionados embajadores a Hama fue permitida esta vez por las autoridades sirias bajo la consideración de que los contactos entre los embajadores y los manifestantes podían convertirse en buen material de propaganda a favor del régimen. Así, la versión que dieron los medios de comunicación oficiales fue que los citados embajadores habían viajado a Hama a fin de dar instrucciones a los rebeldes y supervisar la marcha de la conspiración fraguada por los poderes occidentales en colusión con los traidores sirios. Pero de nueva cuenta esta versión de las cosas no tuvo éxito y por el contrario, los visitantes fueron recibidos en la ciudad con ramas de olivo y regocijo y sin ningún episodio de quema de banderas yanquis o francesas como había sido la costumbre por mucho tiempo en esa región.
Lo anterior demuestra que ha sido superada la época en que regímenes árabes tiránicos como el sirio lograban mantener incólume su control mediante el uso de los espantajos de conspiraciones occidentales o sionistas como fuentes de los males que aquejaban a sus sociedades. Por lo pronto y tal como se desarrollan los acontecimientos, pueden preverse tres diferentes escenarios a futuro: El primero, que el gobierno continúe con la represión brutal como hasta ahora a fin de doblegar a sangre y fuego a los rebeldes. El segundo, que el cansancio de la oposición ante la dureza del régimen la haga aceptar el diálogo con el gobierno para conseguir al menos una liberalización limitada que sin embargo mantenga a la misma élite gobernante en el poder. Y la tercera, que la persistencia de las protestas consiga afectar a tal grado la economía nacional como para crear una crisis de gran magnitud que produzca grietas irremediables en sectores clave de la vida nacional: Tales sectores son la minoría alawita, principal beneficiario y apoyo del régimen de Assad, los servicios militares y de seguridad, y finalmente, la élite comercial de los centros urbanos más importantes del país. Este último escenario, al desmoronar al régimen por dentro, significaría muy probablemente el fin de la autocracia encabezada por los Assad.