Los efectos de las dietas mágicas
Nuestra elección nutricional es determinante para la salud.
Las “dietas mágicas” vienen con advertencia. Y nunca faltará quien te avise, por experiencia, que tal o cual régimen tiene un “efecto rebote”. Muchos insistimos en ignorar la información de la vecina. Pero hasta la misma ciencia ha logrado demostrar lo peligroso que resultan estas dietas mágicas para el organismo y el equilibrio emocional.
Claro que todos queremos perder peso de manera rápida y sin esfuerzo alguno. ¡Es lo más cómodo! Pero su práctica resulta inocua, utópica. ¿A poco creen que un spray bucal realmente inhibe el hambre? ¡Claro que no! Además la idea misma de la dieta está equivocada, porque para bajar de peso tenemos que comer. Este tipo de productos sólo resultan en trastornos alimenticios. La verdadera educación nutricional reside en considerar la comida como fuente nutricional. Creo que esto es más que obvio. Pero de cualquier forma, me tomo la libertad de apoyarme en la ciencia.
Dietas de un solo alimento:
Sensatamente carecen de los nutrientes esenciales para llevar una vida sana y equilibrada. Exterminan el metabolismo natural de nuestro organismo y derivan en trastornos digestivos y síquicos. Porque la monotonía, además de ser aburrida, genera frustración y hasta rechazo por ese alimento.
-Dietas altas en proteínas y grasas, pero bajas en carbohidratos:
La energía inmediata de cada célula de nuestro cuerpo son los carbohidratos. Cuando escasea, utilizamos nuestras reservas de grasa. Pero para asimilar esa grasa, primero tiene que pasar por el torrente sanguíneo, llegar a los músculos y luego ser asimilada por el hígado. Y si tu ingesta de grasas no es la correcta, pues te sube el colesterol y le das directo al hígado. ¿Cómo ves? Mejor, hacer ejercicio, ¿no? Ahora, el exceso de proteínas crea radicales libres que, al querer robarse una molécula para equilibrar su estabilidad bioquímica, alteran la configuración celular. Así nacen las enfermedades autoinmunes y los tumores. El superávit de proteínas y grasas. Se nos sube la presión, nos descalcificamos, nos puede dar ketosis y colesterol alto.
- Dietas altas en carbohidratos, pero baja en proteínas y grasas:
Lo mismo, pero al revés. Entonces nos encontramos con la antítesis del caso anterior. Las proteínas son esenciales para la reconstrucción de los tejidos. Las grasas, para optimizar el sistema nervioso central. En otras palabras, sin grasa, el cerebro no trabaja. Así, el peso se pierde a expensas de nuestra masa muscular. Ojo, el corazón es un músculo. El exceso de fibra interfiere en la correcta absorción de los nutrientes. Básicamente podemos tocar un estado de desnutrición sin darnos cuenta.
- Dietas de limpieza:
¿Limpiar, qué? Los residuos en el colon no existen y el organismo, mientras tenga un medio alcalino de 7.4, se desintoxica solito. Es cierto que la fibra contribuye a la eliminación de toxinas, pero reitero, el exceso no deja que los otros nutrientes se asimilen apropiadamente. Las fibras vegetales son benéficas, siempre y cuando, su consumo sea moderado. Su abundancia no atenúa el exceso. ¡No empatas!
Siempre que una dieta reduzca significativamente la cantidad de calorías, se producirá una pérdida de peso. La cuestión es por cuánto tiempo y cómo. Porque, el organismo, ante una situación de brusca disminución calórica, se defiende. Gasta menos energía y almacena la grasa... para sobrevivir. Pero más tarde, cuando se retoma una alimentación “normal”, el cuerpo continúa aún con su sistema de “bajo consumo”. Entonces, sigue almacenando energía y gastando menos, lo que conduce a un nuevo aumento de peso.
Antes de ponerte a eliminar grasa, toma una decisión inteligente que no te lleve a la frustración. Tienes toda la capacidad de controlar tu peso sin quedar atrapado en las dietas “yo-yo”. La imagen corporal es sólo eso. Pero desgraciadamente constituye un factor de riesgo para ciertas personas “Ana y Mia”—anorexia y bulimia—.
Ten cuidado. Nuestra elección nutricional es determinante para la salud. Haz ejercicio, come sano, evita la chatarra y reduce tus porciones. ¡Déja de jalarte los pelos!
