Sobre el mito de la sana distancia
Cuando los panistas llegaron al poder, inmediatamente asumieron el traumade los priistas como si hubiera sido suyo.

Leo Zuckermann
Juegos de poder
Un mito es la “narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico”. En México se han generado muchos mitos a propósito de la acción política del Presidente. Mitos que no corresponden a la realidad del papel del jefe del Ejecutivo en un sistema de pesos y contrapesos como el nuestro. Mitos producto de una realidad que ya no existe: la de un régimen autoritario que tuvo como eje central el ejercicio desmedido del poder presidencial. Mitos que pretenden crear un presidente “divino o heroico”, un ángel más que un político. Uno de esos mitos, que sigue teniendo mucha vigencia, es que el Presidente no debe involucrarse en los aspectos internos de su partido.
Durante las épocas del priismo, el jefe del Ejecutivo tenía la posibilidad de imponer su voluntad al partido. Sin embargo, la sujeción del PRI nunca fue total y automática. Siempre existieron tensiones entre Insurgentes Norte y Los Pinos. Muchas veces se tenía que negociar. En no pocas ocasiones, los presidentes sucumbían a las pretensiones del partido.
En las décadas de los ochenta y los noventa, cuando comenzaron a abrirse la política y la economía, se tensó aún más la relación entre los dos pilares del sistema político mexicano. El Presidente pudo apoyar cada vez menos al PRI y viceversa. Con Ernesto Zedillo se llegó al pináculo de una relación atormentada. En un famoso discurso, Zedillo declaró que mantendría una “sana distancia” con el partido que lo llevó al poder. Esta promesa era compatible con el discurso políticamente correcto de la democratización del país: el Presidente no tenía por qué meter las manos en los asuntos de su partido.
Cuando los panistas llegaron al poder, inmediatamente asumieron el trauma de los priistas como si hubiera sido suyo. Rápidamente anunciaron que en su partido nunca ocurriría lo que había pasado con el PRI: los panistas no se dejarían subyugar por el Presidente. No permitirían que Fox metiera las manos en el PAN. Esto a pesar de que nadie, en la historia del panismo, fortaleció más a ese partido como Vicente Fox en el 2000.
La verdad es que el guanajuatense nunca tuvo buen cartel dentro de su partido. Siempre hubo una relación atribulada con los panistas. Era de la nueva generación de políticos de origen empresarial, reclutados por Manuel J. Clouthier, que no traía la sangre blanquiazul de las familias de abolengo que tradicionalmente han controlado a ese partido. En lugar de cobijarlo, los panistas marcaron las fronteras con el Presidente. Y Fox los respetó. Fue cauteloso en su relación con el PAN. Se metió poco en los asuntos internos del partido.
Caso muy diferente ha sido el presidente Calderón. El sí se ha metido a fondo en el PAN. Entendió, correctamente, que en toda democracia presidencial se espera que el jefe del Ejecutivo tenga una base política, con los que comparte un proyecto de nación, que esté dispuesta a trabajar en conjunto para sacar adelante una agenda gubernamental. Por eso, la relación entre el Presidente y su partido tenía que ser la más cercana posible. A mayor cercanía, mayores las posibilidades de éxito para impulsar su programa de gobierno.
Lo que habría que evaluar son los resultados de la relación muy cercana entre Los Pinos y el PAN. ¿Sirvió para sacar adelante la agenda presidencial? ¿Cuáles fueron los beneficios electorales que el partido gobernante cosechó con el liderazgo directo del Presidente? Tocará a los panistas, en primer lugar, hacer esta evaluación. Sobre todo hacia adelante donde tendrán que decidir si su próximo candidato presidencial es cercano a Los Pinos o distante, como en su momento lo fue Calderón con Fox.
Independientemente de esta valoración, sigo creyendo que “la sana distancia” es un recurso más retórico para un país en proceso de democratización. En cambio, para un país democrático, se trata de un mito. Si lo que se pretende es gobernar en serio, lo necesario es una sana cercanía entre el Presidente y su partido.
Twitter: @leozuckermann