Las guerras de EU y el caso de Libia

No se debe perder de vista que Libia tiene reservas de petróleo estimadas en 46 mil millones de barriles.

A partir de los ataques del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos viene llevando a cabo diversas guerras y acciones bélicas que han causado —hasta la fecha— por lo menos 225 mil muertes y han tenido un costo de 3.7 billones de dólares, conforme a un estudio divulgado por la Universidad Brown, de Rhode Island y difundido por el Instituto Argentino de Estudios Geopolíticos (IADEG).

Un grupo de investigadores dirigido por Neta Crawford y Catherine Lutz, estudió las campañas bélicas estadunidenses en Afganistán e Irak, así como la llamada operación antiterrorista en Pakistán; y sus conclusiones son devastadoras, no sólo en cuanto a las cifras mencionadas en el párrafo anterior, sino por lo que toca al deterioro de la convivencia internacional.

La población civil pagó el precio más elevado: 125 mil víctimas en Irak, 56 mil en Pakistán y 12 mil en Afganistán. Falta contabilizar las de Libia, que suman ya más de un millar, conforme a las estimaciones más conservadoras.

En contraparte, las fuerzas armadas de Estados Unidos han registrado seis mil bajas; sus aliados de la OTAN, mil 200; los militares iraquíes al servicio de Washington y Bruselas, nueve mil 900; los pakistaníes, tres mil 500; y los afganos, ocho mil 800. A ello se suman dos mil 300 bajas de los contingentes de mercenarios contratados por el Pentágono bajo la cobertura de “agencias de seguridad”.

Otras cifras: han muerto 168 periodistas y 266 colaboradores de organizaciones no gubernamentales humanitarias; y existen casi ocho millones de refugiados. Es necesario reiterar que en este recuento, faltan cifras confiables y definitivas acerca de Libia. El gobierno de Muammar Gadhafi carece de información actualizada y, por supuesto, a los agresores —Estados Unidos y la OTAN— no les interesa difundirla.

El caso de Libia ha sido, desde el principio, la historia de una gran mentira. Información recopilada por Domenico Losurdo para la Red Voltaire, aunque escasamente difundida por los medios occidentales, confirma que las operaciones militares occidentales contra Libia, comenzaron antes de que se aprobara la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el 17 de marzo pasado.

En un análisis publicado el 20 de marzo, Mike Hamilton reveló en el periódico londinense Sunday Mirror, que “cientos” de soldados británicos de uno de los cuerpos militares mejor entrenados y más temidos del mundo, el Special Air Service (SAS), fuerza de operaciones especiales, se ubicaban en Libia desde enero, como fuerza de choque de los “insurgentes”. Entre ellos se encontraban “dos unidades especiales llamadas Smash (en inglés, aplastar, romper, destruir), debido a su capacidad destructiva”.

La agresión estaba en marcha: “pequeños grupos de la CIA” colaboraban con los soldados británicos, en el marco de ‘una amplia fuerza occidental que actuaba en la sombra’, conforme a las órdenes del gobierno del presidente Barack Obama; encargada, ‘antes del comienzo de las hostilidades el 19 de marzo’, de abastecer a los rebeldes ‘y desangrar al ejército de Gadhafi’”.

Estados Unidos no solamente le impuso al Consejo de Seguridad una resolución favorable a sus designios intervencionistas, sino que, de común acuerdo con sus aliados de la OTAN, se apresuró a interpretarla según su conveniencia. La autorización para imponer una zona de exclusión aérea en Libia, se convirtió en carta blanca para una guerra brutal, no declarada, en pos de convertir a la nación agredida en un protectorado.

Es preciso insistir en que no se trata, a fin de cuentas, de emprender la defensa del gobierno libio; pero no se debe perder de vista que Libia tiene reservas de petróleo estimadas en 46 mil millones de barriles, las mayores de África, que representan alrededor del 3.4% de las reservas mundiales probadas.

Posee asimismo importantes reservas de gas, calculadas en unos mil 500 millones de metros cúbicos. Antes de la agresión, sus principales clientes eran los países europeos, tanto por su proximidad geográfica, como por la reticencia de Gadhafi a tratar con los estadunidenses.

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