Hace casi un mes atrás el encabezado de Consejería fue “La palabra con “D”; refería a deuda, déficit, default, deflación. Dije entonces que la palabra con “D” suplía a la palabra con “R” de algunos años atrás que implicaba recesión. La bronca de ahora es que la palabra con “D” puede derivar en una palabra con “R”, que por supuesto es mala idea. Una recesión es mala en cualquier lado y en cualquier momento, como lo son los temas de inestabilidad financiera, pero ahora además, estamos en la época global, la de la tecnología de información, en donde todos tenemos que ver con todos. Lo que hace que las cosas buenas y malas, se magnifiquen.
Ayer escribí sobre los asuntos relacionados con la deuda estadunidense y el déficit fiscal que les ocasiona. En días —muchos— anteriores escribí sobre la deuda europea y los déficit fiscales de varios países de aquella región cuyas consecuencias aún no son del todo susceptibles de darles dimensión. No escribí de la inflación en China, a la que hice alusión en algún momento de la semana pasada y que resultó como supuse bastante más de 6%; para ser preciso fue 6.4%en junio que es casi un punto porcentual más alto que la de mayo (5.5%), encabezada por un 14.4% de inflación en el rubro de alimentos, lo que hace más riesgoso al status del fenómeno, por el impacto social que supone una inflación de tal tamaño en alimentos, en un país cuya sociedad aún está lejos de tener una situación equitativa.
En general estamos informados del “milagro chino”, de sus increíbles tasas de crecimiento durante varios años, del segundo lugar mundial en cuestión de dimensiones económicas. Pero en un país de ese tamaño, con el régimen político que tiene y con tal velocidad de evolución es difícil que no haya distorsiones en su crecimiento y una de ellas es que aún hay varios cientos de millones de habitantes que viven en condiciones de pobreza. De tal suerte que cualquier decisión que en aquel país se toma en materia económica es delicada, pues pone en riesgo al crecimiento que le ha llevado a los niveles en que está, pero al mismo tiempo genera inestabilidad que golpea a una buena parte de la sociedad, en una época en donde alrededor del mundo se están produciendo muestras de descontento que cuestionan a los regímenes políticos que hasta ahora han estado a cargo de la conducción de los pueblos. Como he escrito en Consejerías anteriores, este es un tema que me preocupa, con prioridad alta.
De tal suerte, los acontecimientos que describo hicieron que los mercados acentuarán su trayectoria de baja de los últimos días. Si bien en lo general, al observar sus índices éstos se encuentran dentro de lo esperable —la corrección que sigue a un alza importante, considerando que fue 7% en menos de dos semanas—, supongo que a nadie le hizo gracia observarle y registrar las pérdidas o la reducción de utilidades y desde luego, poner en duda que lo que estamos presenciando sea una “consolidación” del alza previa. Lo cierto es que lo que estamos observando sea lo que sea, se presenta dentro de una trayectoria bajista. Y como suelo decir, en una baja, las alzas son oportunidades para vender. Ya sea para realizar utilidades o para mitigar las pérdidas en las que eventualmente se ha incurrido, considerando la baja de 11%, entre enero y junio de este año.
Así que no hay que operar a partir de la esperanza. Es decir, pensar que las cosas van a ocurrir de la manera que a nosotros convenga. La esperanza así definida, es una de las tres causas, digo yo, que nos llevan al fracaso en los temas de operación en los mercados (si quiere puede extrapolar esta idea a otros campos de acción o bien, recapitular a partir de ella, lo que le haya ocurrido a usted en el mercado). Las otras dos son la vanidad y la codicia. Haga cuentas.
Suelo decir que en los mercados opera la sentencia que conocimos muchos, podría decir que por lo menos tres generaciones, si vimos algo de StarWars: “Use the Force”. No hay que ir en contra de ella. En este caso en contra de la tendencia del mercado. Ojo con los reportes trimestrales. Pueden ayudar a mitigar los golpes. Que la fuerza les acompañe. Suerte.
