Ganamos-perdieron

Hasta el crimen se detiene cuando la Selección Mexicana juega.

Antier ganó México y nos unimos en una sola emoción, campeones del mundo mundial, lo digo como externa a la afición, ¡ya era hora!, más bien ya es hora de tener un equipo competente, llevamos años y años haciendo numerosos osos y con inconsistencias ridículas. De repente han jugado contra Brasil y los acaban, la siguiente semana juegan contra Trinidad y Tobago y nos acribillan, ¿cómo es eso? (lo mejor es que cuando ganan decimos ganamos y cuando pierden decimos perdieron). No veo partidos, realmente cuando voy es más porque no queda de otra, pero no necesito ser mayor aficionada para darme cuenta cuán mexicanos nos volvemos con un partido de futbol. Nos unimos, nos abrazamos y gritamos a la hora del triunfo, somos los mejores patriotas y nacionalistas incomparables. ¡Viva México!, y cuales niños héroes nos enredamos en la bandera, pero sólo para algunas cosas, mientras sea fut o Día de la Independencia tenemos toda la sangre para unirnos y ser uno solo.

Los mexicanos somos muy chistosos, si nos pusieran debajo de un microscopio, los extraterrestres se volverían locos del banquete, nuestra solidaridad con México es la hipocresía más grande vivida, porque la verdad es que se nos cuestiona profundamente el nacionalismo cuando la hora de ser, en serio, mexicanos, llega, ¿ven?, ganamos, perdieron.

¿Y ahora qué? Ya ganamos el trofeo, ¿y luego? Salimos a mentadas de madre a la calle mientras que seguramente al que le recordamos su descendencia porque se nos metió en el periférico, es el mismo al que antier en el estadio estábamos abrazando. ¿Quién podrá defendernos? Dudo mucho que El Chavo del 8, ese claudicó hace años.

Nuestro pobre México reducido a festejar y ser buena onda con el prójimo si, y sólo si, se arma el desmadre en el Ángel, ahí todos somos amigos, pero nada más llega el lunes y no calificamos como una sociedad unida. Nos quejamos de todo, piénsenlo, de todo, porque nos prometen, porque no nos prometen, porque se toman acciones y nos incomodan, porque no se toman acciones. La historia consentida es ir en contra de la corriente, ¿por qué? Porque nada nos gusta, en mi pueblo se dice “ni picha ni cacha ni deja batear”, así somos, sobre todo los chilangos, que tanto caos nos tiene un poquito neuróticos y lo desahogamos con el pobre despistado de la esquina que, viviendo su vida y sin afán de hacerlo personal, hace algo que nos molesta, entonces descargamos toda esa ira defeña, ira que se alimenta de varios elementos como la inseguridad, las promesas rotas del sistema, la corrupción, la desconfianza.

¿Y cómo no vamos a ser desconfiados si el lema mexicano por excelencia es chingar al prójimo? El triunfo lo vemos como un “me lo chingué” y, si nos llaman para pasar por encima del de al lado, estamos ocupados pasándole por encima a otro que no ha entendido cómo funciona nuestro acomodo social.

Hasta el crimen se detiene cuando la Selección juega y no se sabe si celebran cometiendo más crímenes o echándose unas chelas y dejando la matanza para otro día. Dicen que con el futbol nos distraen, y ya ni sé si es cierto o es una más de nuestras especulaciones porque nada nos parece. Somos como un palito de caca, no hay por dónde agarrar a esta sociedad llena de vicios y taras que nos ha dejado el tanto convivir como si fuéramos hámsters en una caja; todos contra todos, lo importante es llegar a la punta de la pirámide no por las escaleras, sino pisando a los que se dejen, para después mirar para abajo y decir, como mantra, “me los chingué, qué chingón soy”. ¿Ven? Nos los chingamos o Se chingaron a la Selección.

Estas fiestas nacionales, que peligran con volverse días festivos, me hacen reflexionar en nuestra cadena alimenticia mexicana, en que el pez más grande no duda en chingarse al pequeño y en la que el pequeño no está metiéndole estrategia sana al éxito, sino caminos retorcidos para por lo menos sobrevivir y chingarse al que viene afilándose los dientes para morderle las pompas en un descuido.

¿Y ahora cuánto durará la excitación por ganar? Seguro lo mismo que dura la virulencia de una noticia. ¿48 horas le ponemos?

Igualmente felicito a los jugadores por su triunfo. Si mi problema no es con el futbol sino con el deporte mexicano por excelencia: jugar a ser patriotas cuando en verdad el patriotismo tiene poco que ver con un marcador a favor.

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