Águila o tacón
En uno de esos momentos de cerebro hiperactivo, pero auténtica flojera para moverme de la cama mal momento para llenarse la cabeza de cucarachas, recordé la historia de amor de dos Cirilos, ella colombiana y él argentino, que se conocieron a finales de los noventa por ...
En uno de esos momentos de cerebro hiperactivo, pero auténtica flojera para moverme de la cama (mal momento para llenarse la cabeza de cucarachas), recordé la historia de amor de dos Cirilos, ella colombiana y él argentino, que se conocieron a finales de los noventa por internet, digo la época porque cabe notar que en ese momento no había Facebook para averiguar si Cirilo/a tiene algún tipo de desorden mental o aberración sexual omitida en las charlas por chat, tampoco había skype para verlo aunque sea por video, nada, pura foto y la manera convencional de llamar por teléfono. Entonces Cirila emprendió su viaje a Argentina para conocer a Cirilo, que por mucho que hayan hablado y se hayan mensajeado, pues no deja de ser un volado: águila o sol, si califica o no califica, quiero besarlo o quiero montarme al avión de regreso a la tierra que me vio nacer. Ésta es una de las historias románticas de la web que conozco de muy cerquita y que puedo constatar que fue un volado ganado, ahora están casados y tienen una hija que se llama Valentina.
Una de mis películas favoritas, añejas y claramente una campana que gritaba que sería adicta a las chik flicks de por vida (ayer catalogadas por un amigo como películas ñoñas... ¡OMG!, tiene razón), es Tienes un e-mail; Tom Hanks y Meg Ryan romancean toda la peli por correo, todavía las compus se conectaban a internet haciendo un escándalo que sonaba como si las conectara con la nave nodriza del otro lado de la matrix. Cada que la veía me parecía de lo más romántico, ella dueña de su librería que más parecía una casa de cuentos de hadas y él su peor competencia, pero como no había skype no podían verse las caras, mejor dicho, esa historia hoy no podría pasar porque la tecnología no lo permitiría.
Una Cirila que suele aparecer mucho por este espacio, estuvo saliendo vía skype con un chico uruguayo y cuál fue la sorpresa que a los cuatro meses de conocerse por video, la invitó a que fuera a Uruguay. Este tipo de situaciones me causan ansiedad, ir a conocer a alguien porque te gusta bla bla bla...
Yo no aguanto presión, ante la incomodidad me vuelvo torpe de pensamiento, palabra y desarrollo, y estos encuentros, con todo y lo emocionantes que pueden ser, son raros. Pensar en que ese primer momento en el que te ves con esa persona con la que no has tenido contacto físico alguno es crucial, que ambos tienen en la cabeza un millón de preguntas, que empiezas a querer analizar al momento de conocerlo. Es entonces cuando siempre atacan las pláticas clichés como “¿cómo te fue en el vuelo?, ¿se movió mucho el avión?” ¡Sí!, esos temas de conversación son como el clima cuando no tienes nada que decirle al vecino pero mantenerse callado sería descortés “... está bueno el calor... ¿verdad?” En este caso es porque ante el shock de verlo y que te guste (en el buen escenario) no puedes pedirle a tu cerebro que elabore una conversación que requiera concentración... mejor recurrir al clima.
Cuando Cirila fue a Uruguay a conocer a Cirilo llevaba un plan B, si es un maniaco sadomasoquista o alguna cosa loca, ella tenía una reservación a los dos días a Buenos Aires para convertirlo en vacaciones zen en caso de que Cirilo resultara un freak. Y es que en el volado a veces te cae el águila a taconazos en la cabeza y a veces el sol te deja ciega, pero también se corre el riesgo de enamorarse gracias a la evolución tecnológica. Entonces pienso, si Cirila 1 y Cirilo 1 pudieron conocerse desde Colombia y Argentina gracias al chat, ¿qué pasaba en la época antigua que no había internet?, ¿habían un montón de medias naranjas mal ubicadas?, ¿la mitad de la población de tías solteronas es culpa de la geografía y la limitada comunicación?, location!, location!, location! (dirían los mercadólogos).
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