News of the World

Ayer, la última edición del NoW incluyó un editorial que arrancó con una cita de George Orwell.

La historia es fascinante. El magnate extranjero que ha tenido a la clase política inglesa a sus pies ahora se ve acorralado por un escándalo de ética periodística.

Rupert Murdoch, australiano, lograba que el primer ministro, los actores y artistas, personalidades de televisión y prácticamente quien él quisiera, le rindiera pleitesía en su mansión de Notting Hill o en la casa de campo de Oxfordshire.

Su emporio mediático tenía una joya de la corona: el tabloide más leído y vendido (2.8 millones de copias cada semana), News of the World, que llevaba circulando cada domingo desde hace 168 años. Hasta ayer.

Cinco millones de ejemplares se imprimieron para su último domingo. El último, porque el equipo de reporteros de News of the World llevaba años interviniendo los teléfonos de más de cuatro mil personalidades, de víctimas de los atentados terroristas del 2005 en el Metro de Londres, de padres con hijos asesinados, de familiares de soldados muertos en Afganistán…

Ayer, la última edición del NoW incluyó un editorial que arrancó con una cita de George Orwell: “Es domingo por la tarde, preferentemente antes de la Guerra. La esposa ya está dormida en el sillón y se ha mandado a los niños a dar un estupendo y largo paseo. Pones los pies en el sofá, te ajustas los lentes en la nariz y abres News of the World.

Según el editorial, esas palabras de Orwell reflejan el sentir de muchos británicos.

El tiro de gracia vino cuando el pasado jueves se supo que News of the World escuchó y borró mensajes del celular de una niña de 13 años que desapareció en 2002. Con ello, el diario le dio esperanzas falsas a la familia de que su pequeña estaba viva y quizás influyó en la investigación para localizarla muerta.

Pero el tema va más allá de las escuchas. El editor del tabloide, entre 2003 y 2007, Andy Coulson, quien además hasta el pasado mes de enero fue vocero del primer ministro David Cameron, aparentemente sobornó a policías para que le dieran adelantos periodísticos.

Hoy la exigencia de los británicos es que no se le permita a Murdoch comprar la mayoría de las acciones de la televisora British Sky Broadcasting (BSkyB) y que se incurra en una investigación criminal del conglomerado mediático News International.

Lo fascinante ha sido la forma en cómo toda esta historia se pudo dar a conocer. Quienes señalaron en primera instancia la falta de ética periodística fueron otros dos diarios: The Guardian, primero; The New York Times, después.

Ni la comisión reguladora de medios ni ninguna otra instancia similar tuvieron nada que ver con que se diera a conocer el escándalo. Fueron otros trabajos periodísticos los que le dieron el tiro de gracia a News of the World.

Aun así, hoy el gobierno británico de Cameron, un poco avergonzado por la cercanía que siempre han tenido con Murdoch, quiere implementar nuevas regulaciones a la prensa.

Reglas que el propio NoW ha señalado serían desastrosas para la prensa libre y las democracias.

De acuerdo. Sólo que el sentimiento de culpabilidad de quienes se acercaron demasiado al magnate e incluso de quienes leían semanalmente el NoW pueda llevar a que se redacten inútiles y malas reglas de prensa ante este escándalo en Inglaterra.

                @AnaPOrdorica

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