El octavo mandamiento del jaguar
Las regiones, industrias y empresas prósperas ya no serán las que dispongan de hidrocarburos excedentes o mano de obra
Los antiguos constructores de las pirámides precolombinas tenían un animal de gran poder simbólico: el jaguar. Si se habla de las economías “tigres” de Asia, ¿por qué no llamar a la economía mexicana próspera, resultante de una estrategia de alto crecimiento incluyente y sustentable, una “economía jaguar”? Esta ruta está abierta para México. Pero tiene sus propios diez mandamientos. Los diez mandamientos del jaguar. El octavo mandamiento del jaguar es:
“VIII. Liberar al talento empresarial mexicano de las cargas generadas por el exceso de regulación e impuestas por un aparato burocrático excesivo.”
En el contexto de la estrategia jaguar, las regiones, industrias y empresas prósperas ya no serán las que dispongan de hidrocarburos excedentes o mano de obra “barata”. Serán las más capaces para innovar y competir a escala global. Pero es improbable que estas regiones, industrias y empresas innovadoras y de alta productividad consigan emerger y consolidarse en medio de privilegios monopólicos, pesadas cargas burocráticas, regulaciones ininteligibles y políticas públicas discrecionales e impredecibles. Urge crear las condiciones y las infraestructuras que permitan a los innovadores y emprendedores mexicanos competir en terreno parejo con sus contrapartes del resto del mundo. Y no es cuestión tanto de aportarles recursos financieros como de crear en cada región de México climas de negocios favorables a la innovación, la productividad y el crecimiento.
En vez de encadenamientos productivos lineales y subordinados (por ejemplo: automóviles-autopartes-cerámicas-vidrio-acero-gas natural subsidiado y salarios deprimidos a base de marginalización social, analfabetismo funcional y fanatismo religioso), ahora se requieren economías dinámicas y evolutivas, redes de conocimiento e innovación; habilidades ingenieriles y de negocios interactuando con talento estético y de diseño, con poblaciones crecientemente educadas y cultas, plurales, abiertas y multilingües. Y esto hay que hacerlo sin demora, sin darse tregua y con una clara vocación federalista que mejore la distribución territorial de las infraestructuras y los recursos productivos.
De aquí en adelante la tarea primordial de los poderes públicos en México es la de facilitar a los mercados la tarea de generar una nueva economía real y una nueva arquitectura financiera que permitan el despliegue de las nuevas fuentes de productividad y de crecimiento. La economía real, el verdadero mercado, no es la Bolsa ni el IPC, sino millones de pymes, talleres y hasta “empresas virtuales”, en ocasiones individuales, que están haciendo desde ya el milagro. Gracias a estas formidables, aunque dispersas, nuevas fuerzas productivas, más pronto que tarde estaremos en medio de una nueva y larga era de prosperidad sin precedentes. Sólo dejemos de estorbarles. La nueva economía con toda su riqueza económica y humana no será obra de las cúpulas, sino de los individuos que integran las mayorías. Y a ellos deberán pertenecer sus frutos.
La estrategia jaguar sólo podrá tener éxito cabal si el impulso inicial generado por los flujos masivos de inversión extranjera directa con alto contenido innovador y vinculación con los sectores y regiones dinámicos de la economía global, resulta de inmediato en la integración de numerosas empresas mexicanas a las cadenas productivas así generadas. Por ello es indispensable liberar al talento empresarial mexicano de ataduras burocráticas excesivas y de las desventajas que le supone la ausencia de condiciones parejas de competencia. Para que el crecimiento sea en efecto sostenido e incluyente se necesita el esfuerzo concurrente de miles de emprendedores. Estos ya están aquí, no hace falta importarlos, sino sólo dejar de estorbarles y permitirles competir sin desventajas.
