Nadie paga culpas
¿Alguien imagina a Gustavo Madero reprendiendo a Felipe Calderón por mandar a un cartucho quemado como candidato al gobierno mexiquense?
Muchos en el PAN y el PRD reclaman cabezas, luego de que el PRI aplastó a los azules y a los amarillos en las elecciones del pasado domingo. Sin embargo, desde hoy podemos adelantar que nadie pagará culpas por la debacle electoral que sufrieron los partidos de la derecha y la izquierda en el Estado de México y Coahuila, Nayarit e Hidalgo. ¿Por qué nadie pagará los platos rotos?
Las razones son dos. La primera tiene que ver con el carácter de “intocables” de los líderes responsables de la derrota del PAN y del PRD, a los que nadie se atreverá a tocar siquiera con el pétalo de una crítica. Y la segunda razón se localiza en la incapacidad, ya no de procesar la derrota, sino de ejercer la elemental autocrítica de toda fuerza política democrática. Pero vamos por partes.
¿Quiénes son los líderes intocables? No es ningún secreto, ya que son conocidos por todos. Por el PAN, el principal responsable de empujar a Luis Felipe Bravo Mena como candidato al gobierno mexiquense se llama Felipe Calderón. Casi nada. ¿Alguien imagina a Gustavo Madero, el jefe del PAN, en un encuentro donde reprendería a Felipe Calderón por mandar a un cartucho quemado como candidato al gobierno mexiquense? ¿Imaginan al Consejo Nacional del PAN emitir una sanción contra Calderón? Está claro que nadie sancionará a Felipe Calderón. Más aún, al Presidente todos o casi todos le rinden pleitesía: “¡Lo que usted diga, señor Presidente!”
En el caso del PRD, el responsable de la debacle se llama Andrés Manuel López Obrador. Hoy, en el partido amarillo todos saben que existen elementos suficientes para expulsar al tabasqueño. Más aún, en los hechos, AMLO ya milita en el PT, antes que en el PRD. Pero también todos saben que López Obrador es el más poderoso e influyente de los caciques de la llamada izquierda. Por eso la pregunta. ¿Quién será el valiente capaz de echar a lopitos —como le dicen sus malquerientes de la propia izquierda— del PRD? Ese valiente no existe.
Por tanto, es posible aventurar que no habrá grandes cambios en la estrategia electoral del PAN. Acaso Felipe Calderón tomará bajo su control directo las tareas de su partido, lo que podría relegar al jefe nacional, Gustavo Madero, que en realidad se ha convertido en un mero convidado de palo. Y es que el verdadero gerente de Acción Nacional despacha como secretario particular de Felipe Calderón, y se llama Roberto Gil. ¿Hasta cuándo pondrán orden en el PAN? ¿Quién será capaz de poner orden?
Pero la anterior es la primera parte. Resulta que luego de la derrota del pasado domingo, de nueva cuenta fue notoria la ausencia de autocrítica entre los perdedores. Peor aún, literalmente resulta “de risa loca” escuchar los argumentos esgrimidos por las fanaticadas de azules y amarillos en su intento por justificar lo que no tiene más nombre que fracaso.
Que la mexiquense fue una elección de Estado. Es posible que los derrotados tengan razón. Pero lo que olvidan es que todos aceptaron esas reglas. Pero aún más escandaloso —y nuevamente de risa loca— resulta que el PAN y el PRD no hayan dicho nada en otras elecciones de Estado, como las de Oaxaca, Puebla, Sinaloa y Guerrero. ¿Por qué no dijeron ni pío en esos casos? ¿Adivinen? No dijeron nada porque ganaron. Entonces las elecciones de Estado se valen cuando ganan los azules y los amarillos, pero son cuestionables cuando pierden. Eso sí, nadie dice nada de cambiar las reglas. ¿De risa, no?
Que la mexiquense fue una elección inequitativa. Tienen razón, pero resulta que no tienen pruebas. ¿Por qué no tienen pruebas? Porque tanto azules como amarillos jugaron el mismo juego de las transas. Peor aún, entre los panistas y los perredistas se acusan de que “desapareció dinero” en sus respectivas campañas. ¿Qué pasó con el dinero, que no se vio en las campañas de Encinas o Bravo Mena?
Lo cierto es que ofenden la inteligencia, el sentido común, la sensatez, la historia y la memoria, argumentos chapuceros, facilones y chabacanos esgrimidos por Alejandro Encinas, Luis Felipe Bravo Mena, Manuel Camacho y otros, que perdieron por más de 40 puntos porcentuales de diferencia y que, sin embargo, por consigna se niegan a reconocer una derrota aplastante. El PAN y el PRD perdieron porque son incapaces de convencer y llevar a los ciudadanos a las urnas; porque son vistos por muchos ciudadanos como gobiernos y partidos peores que el viejo PRI.
Y mientras no entiendan que las derrotas reclaman tirar el lastre y hacer cambios, el PAN y el PRD pavimentan el regreso del PRI: el triunfo de Enrique Peña Nieto.
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@RicardoAlemanMx
