Un punto de partida
Seguimos siendotestigos de una terrible desigualdad que no se ha reducido y es probable que se haya profundizado entre 2008 y 2010.
El urgente diálogo social que nos hace falta sigue pendiente. Mientras tanto, seguimos siendo testigos de una terrible desigualdad que, según los datos preliminares disponibles, no se ha reducido y es probable que se haya profundizado entre 2008 y 2010, afectando por supuesto a los más frágiles y desprotegidos por el sistema económico y social.
Es evidente que las instituciones sociales de nuestro país se encuentran desbordadas y no se atisba por ningún lado cómo generar un proceso de reformas que permitan reconstruir al entramado institucional, a fin de reorientar decisiones de planeación, presupuestales y de política pública, a fin de abatir la pobreza y revertir la grosera concentración del ingreso que se vive en el país.
Ante esta realidad, en la edición de julio de la revista México Social (www.mexicosocial.org) se invitó a los presidentes de los tres partidos políticos mayoritarios, así como a los coordinadores de los grupos parlamentarios mayoritarios en el Senado, a escribir en torno a su visión sobre la cuestión social.
Me atrevo a sostener que el ejercicio es innovador porque permite que la población pueda acceda a los supuestos y principios desde los cuales se diseñan políticas públicas, se plantean reformas legislativas y se critican las acciones de los gobiernos, en función de las tesis programáticas de los partidos políticos y los grupos parlamentarios.
El ejercicio también es inédito, porque puede tomarse como un buen punto de partida para la identificación de coincidencias pero, sobre todo, de las diferencias de posición sobre los temas más urgentes que deben movilizarnos como país, es decir, los vinculados a la cuestión social, la protección de los derechos humanos y la atención de los grupos en mayores circunstancias de vulnerabilidad social.
Como propósito mayor, la revista México Social se ha dado a la tarea de convocar a todas las visiones sobre las agendas relativas al desarrollo, por lo que se seguirá invitando a escribir sobre su propuesta social a los principales responsables de impulsar la transformación de las condiciones que permiten la persistencia de la pobreza y la reproducción de los ciclos perversos de la desigualdad, la marginación y la exclusión.
Lo que hemos visto en las últimas semanas en nuestro país es que el diálogo es posible; que debatir las ideas y confrontar las diferencias puede llevarse a cabo con civilidad, y que hacerlo a través de la palabra escrita puede contribuir enormemente a fin de clarificar conceptos, supuestos, así como mentalidad, principios y valores de quien escribe.
Lo que no podemos es dejar constancia de que la voluntad para transformar el país no existe; que hemos renunciado al debate de las ideas —que es desde donde puede y debe confrontarse a los intereses creados y a la influencia de los poderes fácticos— y que le hemos dado la espalda a la vocación transformadora de la palabra que se expresa en libertad y que con honestidad se pone por escrito.
Nos hace falta confrontar las visiones imperantes, pues los resultados que hemos obtenido en materia social presentan más saldos que resultados positivos; y esa realidad exige de la responsabilidad y el compromiso de todos para definir y explicitar qué entendemos por nociones como “el desarrollo” y, en ese sentido, atrevernos a generar nuevas propuestas que nos lleven a garantizar justicia y dignidad para nuestra población.
*Director del CEIDAS, A. C.
