Elecciones Estado de México
Si la democracia sirve como espacio para la seguridad colectiva, y si la política importa para responder a cuestiones que afectan a los ciudadanos, es evidente que en esa entidad los resultados distan de ello a la luz de nuevo del desastre.

José Buendía Hegewisch
Número cero
Se ha hecho habitual que cada temporada de lluvia las inundaciones vuelvan a colonias del Bordo de Xochiaca y el río de Los Remedios, así como a amplias zonas de Ecatepec y Neza, sin que ninguna política pública prevenga y menos aún impida la recurrencia de catástrofes. La política luce impotente, los gobiernos parecen no hacer nada y la población tiene que resignarse a sumar damnificados cada año.
Por eso, de la política en el Estado de México se percibe inmovilidad o, por lo menos, incapacidad para resolver problemas graves como las inundaciones cíclicas en municipios metropolitanos. Si la democracia sirve como espacio para la seguridad colectiva, y si la política importa para responder a cuestiones que afectan a los ciudadanos, es evidente que en esa entidad los resultados distan de ello a la luz de nuevo del desastre.
Mientras prevalecen la inseguridad y la zozobra, la campaña electoral en esos municipios mexiquenses se desarrolló también en medio de la reiteración de prácticas inveteradas de las maquinarias partidistas, coacción del voto o la movilización clientelar que desde la época del autoritarismo priistallenaban las plazas de promesas, de acarreados y las vaciaba de contenidos. Y no sólo eso, también recayó en nuevos problemas que llegaron con la competencia electoral en los medios. La elección, que hoy llega a las urnas, transcurrió como si poco cambiara en política el país desde que el PRI perdió la presidencia en el 2000, y sin que apenas se sintieran los efectos de la reforma electoral que unos años más tarde, en 2007, ya buscaba corregir las excesos de las campañas para cuidar las condiciones de equidad de la competencia en la que la democracia puede ser realmente representativa y dar resultados.
La recurrencia de la tragedia revela con crudeza la persistencia de viejas formas de hacer política en uno de los principales bastiones del PRI, donde la alternancia no llega en más de ocho décadas. Ni hoy llegará, según los pronósticos de todas las encuestas, que vaticinan un amplio triunfo al ex alcalde priista de Ecatepec, Eruviel Ávila.
La reforma electoral de 2007 se debió a dos grandes problemas de la democracia mexicana: el dinero y los abusos de la propaganda oficial, de los partidos y de terceros en los medios. Se propuso corregir inequidades, como la influencia del dinero en el voto, y elevar la calidad del debate mediante un nuevo modelo de comunicación política. Estos objetivos estuvieron lejos de cumplirse en la campaña mexiquense, en la que el protagonista fueron los presupuestos millonarios de los partidos, los miles de spots de radio y televisión, así como denuncias por la intervención de gobiernos federal y local a través de la propaganda oficial en época de veda electoral.
Más de 9.5 millones de pesos diarios, según el IEEM, se gastaron los partidos hasta sumar unos 400 millones de pesos en los 45 días de campaña, que representa cerca de 30% de lo que se estima podría ahorrarse en las elecciones presidenciales de 2012 por la reforma de 2007. Y si bien esto se explica porque el Estado de México mantuvo la fórmula anterior a la reforma para calcular el monto de las prerrogativas de los partidos, tampoco funcionaron las prohibiciones constitucionales con que se pretende incentivar las propuestas y la calidad del debate. Como en 2000, 2003 ó 2006, en frases cortas de 30 segundos los candidatos bombardearon con promesas que nadie sabe si son viables o, por lo menos, que contrastan con la persistencia de preocupaciones vitales como las obras de infraestructura hidráulica que desde hace años se necesitan para reducir desastres.
Pero el marketing político en las estrategias electorales no es sólo el problema. Mayor aún es que el dispendio y el derroche de recursos se erijan como el modelo a seguir de la próxima elección presidencial. Por lo pronto, se anticipa que en 2012 podrían estar al aire cerca de 40 millones de spots, lo que supondría casi igualar los impactos con el número de ciudadanos que se esperan en las urnas.
Haber detectado esos dos grandes riesgos de la democracia obligaría a partidos y candidatos a retomar el espíritu de la reforma, que aprobaron por consenso en 2007, aunque todos los incentivos están más bien puestos en violentarla. De no corregir sus estrategias, sin embargo, se agudizarán las inequidades y desviaciones de las que la reforma busca proteger a la democracia. Principalmente que sea el dinero el que decida el voto y ello haga más profunda la desconfianza política de los ciudadanos hacia las instituciones y sus representantes.
*Analista político