Parece ser que hoy en día la calidad de vida tiene un precio, un alto precio. Bien saben que siempre levanto la voz por los derechos de los animales, por la mejor alimentación sin crueldad y todo lo relacionado, esta vez no será la excepción, pero esto es un llamado a quien sea que le quede el guante, porque no puede ser que comer sano cueste tan caro. Mucho nos dicen que la comida orgánica y bla bla bla, ¿han ido a un súper orgánico? Yo sí, de hecho, ahí compro varias cosas, pero eso no quiere decir que cada que vaya mi tarjeta no comience a temblar. Con el cuento de que es orgánico, palabra en boga del siglo XXI, nos encajan la vara y nos hacen pagar dinerales por comer carnes sin toxinas, verduras sin raticidas y frutas de tamaño normal. Es absurdo que entre más natural es más caro, ¡no tiene sentido! Me parece que todo el mercado de lo orgánico se está pasando de lanza y cobran dineros estratosféricos con un margen de ganancia del cuatro mil por ciento.
Estuve en Acapulco y tuvimos una experiencia que jamás se nos olvidará, me encantaría compartirla con ustedes, sólo para que tomen nota y no se lleven un chasco. Fuimos a un restaurante que se llama Harry’s, dentro del centro comercial La Isla; íbamos cinco personas incautas, con lo que nos sucedería después de comer. A la mesa se acercó un mesero con una charola llena de cortes de carne para orientarnos en nuestra orden, todos se veían deliciosos, aunque debo confesar que, desde que entendí la filosofía kosher, he querido hacerme parte de ella, por eso, pregunté si tenían carne kosher, a lo que me respondieron que sí, pero que tenían una mejor que se llama cobel, la carne de la vaca feliz. ¿Cómo es esto del cobel?, pregunté, pues resulta que es una vaquita que vive feliz comiendo granos y medio peda en sake, las consienten como a nada y les ponen música de meditación para mantenerlas en “cero estrés”, a la hora de su muerte no son atacadas salvajemente sino que mueren de forma humanitaria, una vaca que vive feliz y muere feliz no libera toxinas que nos dañan el cuerpo y, debo decir, además, ¡qué rica sabe la felicidad!
El problema es que todo parece indicar que la felicidad tiene precio y que la sanidad es un albur de cinco patas, porque cuando ves el costo de ese filetito de carne se te acaba la salud y te da un infarto: mil 100 pesos un corte de carne de máximo 300 grs, nos sorprendió que antes de la cuenta nos trajeron un algodón de azúcar gigante y hasta pensamos “pero mira qué buena onda”, y cómo no te van a traer el algodón antes del sartenazo que te espera con la cuenta, si para soportar eso tienes que subirte la glucosa o te agarra un coma al ver las cifras. Cuando vemos a la gente salir aburrida de esos restaurantes no es precisamente porque salgan llenísimos, sino por la masacre que acaba de sufrir su cuenta de banco.
Yo estoy de acuerdo en que uno tiene la libertad de decir a dónde vas y a dónde no, qué pagas y qué no, pero otra cosa muy diferente es que los comerciantes se cuelguen de la ideología “orgánica” para desmembrarte después de la comida. Lo peor de todo es que hasta parece que lo que quieren es exprimirte sin siquiera disimularlo, uno ahí está de ingenuote sin ver la carta y escuchando las recomendaciones que siempre serán no las más ricas ni las que mejor le queden al chef sino las más caras. Hagan el ensayo y cuando vayan a un restaurante pidan que les recomienden, luego vean la carta (por favor, esta parte no la olviden) y comparen el costo de lo que les recomendaron con el resto, ¡siempre es lo más caro! Pero de ahí a que te encajen un filete de carne en ese costo cuando hasta en Miami (que es muuuuy caro) sale a la mitad de precio, es una jalada mundial, es un abuso al consumidor y hasta siente uno que le ven la cara de idiota. Cuando llegó la cuenta eran casi ocho mil pesos, casi nos da un paro cardiaco, todas las toxinas que me ahorré con la vaca feliz se liberaron de mi cuerpo de igual forma envenenando mi sistema, estuve enferma de la panza como dos días, así es, lo que no me enfermó la vaca me enfermó la cuenta.
Es increíble que los comerciantes se cuelguen de lo que ahorita es el movimiento número uno para sacarnos las tripas, ahora resulta que es muuuuuuucho más caro comer natural y sano que las porquerías que comemos diariamente. Ahora todo lo que es verde tiene un altísimo costo, pues parece que el fin del mundo solamente será para las clases sociales bajas que no les alcanza para tener una vida sana y contribuir al planeta, así que serán los millonetas, los que pueden pagar sin remordimientos un steak de 110 dólares, los que seguramente tendrán pase VIP para salvarse del fin del mundo #SiAja !!
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