¿Nuevo 68 global?

Es una reedición de 1968 a escala global o, mejor dicho, con un móvil global. En aquel año surgieron movimientos estudiantiles en varias partes del mundo, pero cada uno enmarcó su lucha en su ámbito nacional. Ahora todos pueden comunicarse instantáneamente, articular exclusiones y potenciar marginalidades

Ha surgido un nuevo tipo de calentamiento global. En varios países musulmanes la gente se ha alzado en insurrecciones civiles que han derrocado a sus antiguos regímenes o están a punto de hacerlo, pese a la represión interna y a los titubeos externos. Más aún, esas revueltas ya no se limitan al Oriente Medio o al África Sahariana: se extienden ahora a la mismísima Europa. El movimiento español 15-M es la prueba de que Occidente no es inmune al virus de la rebeldía. Como en Egipto, han sido las redes sociales las que han puesto en jaque al gobierno de España. Encabezados por jóvenes indignados —así se llaman— los manifestantes han desafiado las restricciones de las autoridades y han dislocado las elecciones de ayer. Su protesta contra la corrupción y el desempleo ha golpeado duramente al gobernante PSOE.

¿Cuál es la causa de semejantes turbulencias? Aunque es imposible generalizar, yo pienso que se trata de vientos más justicieros que libertarios. Hace años se nos viene diciendo, ayer explícita y hoy implícitamente, que las ideologías han muerto y que sólo las reglas y los valores liberales tienen viabilidad y validez universal. Esto aplica no sólo a las libertades individuales sino también a las leyes del mercado; de un plumazo se ha descartado la compatibilidad del sistema democrático con todo aquello que se aleje de los paradigmas del laissez faire. Nadie cuestiona la idea de que en el liberalismo caben todas las libertades menos la de destruirlo. Pero de ahí a decir que la democracia es alérgica a cualquier modelo económico heterodoxo —léase globalmente incorrecto— media un abismo. ¿Si algún partido socialdemócrata resucitara el Estado de bienestar original ya no sería admitido en un sistema democrático? ¿Y si alguien abanderara la propuesta de someter al nuevo capitalismo de casino se convertiría automáticamente en enemigo de la democracia?

A los insurrectos del siglo XXI los separa un rechazo y los une otro. Los islámicos se han levantado contra el autoritarismo y los españoles contra la partidocracia, pero ambos se oponen a una economía injusta, que propicia cada vez más desigualdad. Y es que la entronización de los actuales paradigmas ha provocado que la distribución de la riqueza sea más inequitativa, no sólo en los países subdesarrollados sino también en el primer mundo. Además, la política económica imperante no ha podido resolver el grave problema de la inestabilidad financiera que a todos amenaza. Paradoja: el socialismo real perdió la batalla contra el capitalismo porque fue más dogmático, y ahora los neoliberales sucumben al dogma de “dejar hacer y dejar pasar” y abandonan la fórmula de su triunfo, que fue dejar de hacer lo que deja de pasar, es decir, desechar lo que no funciona y adoptar lo que dé buenos resultados más allá de etiquetas ideológicas.

Fueron los globalifóbicos quienes prendieron la mecha con sus ataques a instituciones vinculadas a la economía especulativa. La inconformidad creció entre tirios y troyanos: las objeciones se extendieron desde Chomsky hasta Soros. Y la gente “común”, la más globalizable, empezó a manifestar su hastío. Hoy son miles de manifestantes irrumpiendo primero en la periferia y luego en el centro de la aldea global, personas de diversas clases sociales, generaciones y filiaciones políticas unidas para expresar una inconformidad que todavía no aciertan a traducir en un proyecto alternativo específico. Es la globalización contra sí misma: individuos que se han percatado de las maldades socioeconómicas de la globalidad gracias a las bondades tecnológicas de la globalidad. Pero es también una nueva manifestación de sensaciones de irritación, de rechazo a algo que no por inasible es menos aborrecido. Es una reedición de 1968 a escala global o, mejor dicho, con un móvil global. En aquel año surgieron movimientos estudiantiles en varias partes del mundo, pero cada uno enmarcó su lucha en su ámbito nacional. Ahora todos pueden comunicarse instantáneamente, articular exclusiones y potenciar marginalidades. El internacionalismo proletario y el cosmopolitismo burgués se están encontrando donde nunca se lo imaginaron: en internet, la red que democratiza el elitismo.

El 68 fue en buena medida la manifestación generacional de una insatisfacción axiológica. Libertad contra autoritarismo, amor y paz contra odio y guerra. El 2011 está perfilándose como algo más que un episodio de jóvenes que se rebelan contra los valores de sus mayores. En las autocracias árabes puede ser una consecuencia de la aceptación a la que ha llegado la democracia en el inconsciente colectivo (¿por qué no se me toma en cuenta en las decisiones que me afectan?), pero en otros países toca las fibras de la injusticia social (¿por qué las cúpulas económicas y políticas tienen privilegios que yo no tengo?). El hecho es que una abigarrada masa de indignaciones está tomando forma y no sabemos qué tanto pueda crecer ni a dónde se vaya a dirigir. En México, por lo pronto, deberíamos aprender del 15-M: cuando se lo propone, la sociedad civil puede cambiar a los partidos.

        *Director de Posgrado de la Universidad Iberoamericana

            Twitter: @abasave

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